Esperanza después de la muerte

Es increíble, en el estado de Chiapas hay una planta conocida como Winte otros la conocen como palma, da una flor blanca, se usa comúnmente para dividir una parcela de la propiedad de otra persona. Hay épocas del año en que los campesinos las cortan, las arrancan y dejan los manojos amontonados en las orillas de la calles. Después de cierto tiempo cuando empieza a caer la lluvia, estas ramas casi secas empiezan a reverdecer y están luego listas para volver a ser sembradas. Obviamente el tronco está en mejores condiciones de echar retoños aunque parezca podrido.

Es interesante entonces que aunque el árbol envejezca en la tierra su raíz, al contacto con el agua, empieza a recuperar su vida, a crecer con nuevos retoños y de este modo vuelve a vivir. Este proceso es extraordinario, es una acción directa de la mano de Dios en su naturaleza. Dice Job que la copa del árbol una vez cortada y al borde de ser podrido tiene las posibilidades de que sus retoños vuelvan a formarse como si fuera un árbol nuevo con una copa nueva. (Chapman, p. 5).

Podemos ver que Job nos enseña en esta porción que la muerte física del hombre es la partida definitiva de este mundo. Un árbol cortado puede volver a vivir, puede volver a retoñar, pero el hombre, una vez que expira, yace y no vuelve a levantarse (Henry, p. 69).

II. NEGAMOS LA ESPERANZA DEL HOMBRE (verss. 10-12).

“Más el hombre morirá, y será cortado; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él? Como las aguas se van del mar, y el río se agota y se seca, así el hombre yace y no vuelve a levantarse; hasta que no haya cielo, no despertarán, ni se levantarán de su sueño.”

¿Qué es el hombre? Una de las palabras que se usa en el Antiguo Testamento para hablar del hombre es Adam (hombre), es un término genérico para el hombre, implicando “fortaleza y vigor”, de mente y de cuerpo. Se emplea apara hablar de la humanidad, los hombres, en singular y en todo absoluto y nunca en sufijos. “La mayoría de los empleos de esta palabra están relacionados directa o indirectamente con ese carácter del hombre; el hombre existe frente al supremo Dios, como ser vivo, con limitaciones que le provienen de su carácter criatural.” (Jenni, pp. 90, 110).

Es una criatura asombrosa de la naturaleza. Los naturalistas creen que el hombre es solo un animal, los idealistas y los panteístas creen que es un fragmento de la divinidad, una parte de Dios. La ciencia nos dice que es la culminación de un proceso evolucionario. La Biblia nos da la respuesta, nos dice que el hombre es la corona de la creación de Dios, es creado a la imagen y semejanza de Dios. Fue creado para tener una comunión personal y eterna con Dios, por lo tanto tiene entendimiento racional, obediencia moral y comunión religiosa. Dios le dio dominio sobre los animales y se le ordena a juzgar la tierra, es decir, consagrarla al servicio espiritual de Dios y el hombre. A causa del pecado el hombre llega a ser efímero, pasajero, vulnerable a la maldad de este sistema. Se puede ver que el destino del hombre no es una mera existencia sin fin, sino que es moral, sea una vida redimida y preparada para la eternidad, o una vida bajo el perpetuo juicio de Dios. (Harrison, pp. 264-267).

En medio de tantas limitaciones y vulnerabilidades, en la experiencia de vida del hombre comparándolo con la vida de los árboles uno puede llegar a preguntarse ¿Cómo es posible que un árbol a pesar de ser cortado tenga esperanza de retoñar y los hombres muertos no tienen esperanza?

A. AUNQUE MUCHOS DICEN ESO.

Job dice que el árbol tiene esperanza de retoñar sin embargo el hombre morirá y será cortado de entre los vivientes, perecerá y ¿dónde estará él? En el tiempo del profeta Isaías la gente decía: comamos y bebamos porque mañana moriremos. Aun en la actualidad podemos ver que el hombre no le ha dado la importancia debida a la vida, goza de todos los placeres de este mundo porque al final de cuentas según él todo se acaba, el hombre desaparece y se terminan toda clase de esperanza. Sin embargo cuando una persona reconoce a Cristo como su Señor y Salvador personal tiene esperanza porque su ideología, su cosmovisión cambia.

Parece ser que el hombre no tiene la oportunidad para gozar después de la muerte. El hombre no es como un árbol que puede volver a vivir aun si es cortado muy cerca de su raíz. Aun si se envejeciere su raíz al percibir el agua vuelve a vivir. Esto no ocurre con el hombre. Cuando el hombre muere, termina. El hombre muere como las aguas se van del mar. Hay lugares en nuestro país donde existen lagunas pequeñas, pero si el clima es muy caliente y seco, éstos tienden a evaporarse rápidamente y por su puesto desaparecen. Podemos decir entonces que el hombre es como el río que se agota y seca. (Purkiser, pp. 51-52).

La vida de algunos de los insectos se restaura con el calor del sol. Sin embargo la vida humana una vez que se ha marchitado se torna en demasiado grande, noble como para hacerla volver mediante los poderes de la naturaleza; fuera de alcance de la lluvia y el sol Henry, p. 68-69).

B. PORQUE CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.

Job dice que el hombre muere y desaparece como el agua que se evapora en un lago seco o en el lecho vacío de un río. No hay pérdida más completa o menos recuperable que el agua que ha sido absorbida por la tierra seca. La descripción de la muerte hecha por Job es uno de sus propósitos impresivos. Zofar había empleado la figura del agua que pronto pasa, para poder describir de manera panorámica la naturaleza de la miseria (11:16); en esta porción Job la utiliza para referirse al concepto definitivo de la muerte como el retorno al polvo. (Smith, pp. 60-70)

Los hijos de Dios tenemos esperanza aun después de la muerte. Esta vida es solamente pasajera. Para los cristianos la muerte no es el final sino el inicio de la vida en la presencia de Dios. Pablo el apóstol pudo decir: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Filipenses 1:21). Como humanos negamos la esperanza del hombre. Pero como creyentes tenemos esperanza aun después de la muerte por que Cristo resucitó. De manera que la resurrección es el principio fundamental de los tratos de Dios en gracia hacia el hombre, ya que el hombre se encuentra bajo sentencia de muerte debido al pecado. Nuestra esperanza es que así como Cristo resucitó también nosotros resucitaremos de entre los muertos. Mismo Job dijo: “Yo se que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro.” (Job 19:25-26). (Escuain, p. 1001-1002).

III. INTUIMOS LA REALIDAD DE LA ESPERANZA ANHELADA (Verss. 13-15).

Si un árbol tiene esperanza de retoñar aun estando cortado, cuánto más el hombre que es hecho a la imagen de Dios. Por ser creados por Dios intuimos que la vida física es pasajera, nos espera una vida eterna ya sea con Dios o sin Dios. Job dijo: “Yo se que mi Redentor vive” (19:25). Si el Dios eterno vive los que esperamos en él también viviremos con él por toda la eternidad. ¡Bendito sea Dios hay esperanza para el hombre mejor que la esperanza de los árboles!

A. PARA NOSOTROS LA MUERTE ES GANANCIA.

¡OH, quién me diera que me escondiere en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordarás!

La Biblia enseña que la muerte es un retorno al polvo, es el final de la vida humana, es consecuencia del pecado de la humanidad. Pablo nos dice que por la trasgresión y desobediencia de un hombre (Adán) entró la muerte al mundo, pero por la obediencia de un hombre (Cristo) entró la vida a este mundo (Romanos 5:12-21). El hombre le teme a la muerte, el hombre no quiere saber nada respecto al tema de la muerte. Mismo Job en su desesperación a raíz de todo el sufrimiento que estuvo pasando expresó en su diálogo con Dios: “¡Oh, quien me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira…!”

“La palabras Seol se usa a través de todo el Antiguo Testamento en dos sentidos: (1) literalmente, de un lugar profundamente bajo tierra donde los muertos moran (Deuteronomio 32:22; Isaías 14:9, 15) y (2) figuradamente, en cuanto a un grave peligro o sufrimiento (Salmo 116:13)”. (Harrison, p. 493).

El Seol era considerado un lugar de olvido y de reposo para el creyente (Job 3:13-19). Tal vez esta es una de las razones por las cuales Job quiere que alguien lo esconda en el Seol (hasta que pase la ira del Señor), un lugar donde no se sabe nada de esta vida y sus sinsabores. Los impíos mantienen su personalidad en el Seol (Isaías 14:9-10; Éxodo 32:21-31). Sin embargo los creyentes del Antiguo Testamento tenían la certidumbre de la gloria futura y de la resurrección del cuerpo (Job 19:25-27; Salmo 16:8-11; 17:15; 49:14-16; 73:24-26; Daniel 12:2-3). (Escuain, p. 1082).

Los comentaristas creen que en su glorificación el Señor Jesucristo liberó a los muertos creyentes, y los llevó con El al cielo mismo. El hecho es que desde entonces los muertos en el Señor, en lugar de descender a la morada de los muertos, van directamente a la presencia de Cristo. El apóstol Pablo prefiere partir y estar con el Señor, lo cual dijo él es muchísimo mejor (Filipenses 1:21-24; II Corintios 5:6-8). La muerte llega ser para nosotros los creyentes “ganancia”; por lo tanto deja de ser muerte como tal (Juan 11:25).

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