Esperanza después de la muerte

B. PARA NOSOTROS LA MUERTE NO ES EL FIN.

“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación.”

Para nosotros los creyentes la muerte se torna en una bendición, ya que por medio de ella somos trasladados a la presencia de Dios. La muerte es una puerta al cielo. No es el fin, al contrario es el inicio de la vida eterna al lado del dador de la vida. Al lado de aquel que dijo: “Para que donde yo esté vosotros también estéis.” (Juan 14:3). Estar con Jesús es disfrutar conscientemente su presencia, y el deleite más grande que un ser humano pueda tener.

Cuando un inconverso muere los familiares suelen decir:”lo hemos perdido”. Los creyentes cuando muere un familiar no podemos decir lo mismo, puesto que algo que perdemos no sabemos donde está, sin embargo cuando muere un familiar los creyentes sabemos donde se encuentra.

Los creyentes cuando morimos no pasamos a un lugar intermedio o al Seol de los judíos, los creyentes pasamos directamente a la presencia de Dios (Lucas 16:22-25).

Puedo ver en este versículo cierta duda y esperanza de Job. De que sirve que el hombre viva tantos años si al final no se sepa nada de él. La pregunta de Job es ¿volverá a vivir? En la pregunta él coloca esperanza al decir: todos los días de mi vida esperaré, hasta que venga mi liberación. Cuando experimente la muerte experimentará la vida de Dios.

Morir es empezar a vivir en Dios. Pablo el apóstol dijo que “si vivimos para el Señor vivimos, y si morimos para el señor morimos.” (Romanos 14:8).

Que bendición la muerte para el creyente no es el fin. El salmista expresó: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.” (Salmo 116:15).

Cuando Job se hace esta pregunta podemos ver en él un ferviente deseo de vivir, nace en él la esperanza, después de la muerte Todos los días de mi vida esperaré hasta que venga mi liberación. Aquí la palabra “liberación” connota la idea de un prisionero que ha obtenido su libertad después de haber sido cogido en la guerra. (Zuck, p. 75). La muerte viene siendo una liberación de las ataduras de este mundo y produce la vida para siempre con el Señor.

Podemos decir que la pregunta de Job el Señor Jesucristo la contestó en la Aldea de Betania cuando Marta le dijo que su hermano Lázaro resucitaría en el día postrero. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que cree en mí no morirá eternamente” (Juan 11:25-26).

C. PARA MOSTRARNOS LA CERTIDUMBRE QUE LA VIDA ES DE DIOS.

“Entonces llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos,”

Como creyentes debemos de reconocer que la vida que disfrutamos es un regalo de Dios. Dios permite las vida al hombre y el le ha puesto límites a la vida.

Job reconoce que él es obra de las manos del Creador. Como criatura dice Job estoy listo cuando tu me llames, cuando escuche mi nombre yo te responderé, estoy seguro dice Job que tendrás afecto, amor, compasión por la hechura de tus manos.

Vimos en la parte de arriba que a pesar de incertidumbres en el corazón del patriarca Job palpita un gran deseo: que el Seol se convierta para él en un lugar de refugio donde pueda estar guardado o a salvo hasta que se apacigüe la ira de Dios. Cuando esta esté terminada, brillará de nuevo la bondad divina hacia él. Entonces dice Job, el Señor me llamará y yo le responderé desde lo más profundo. Así resurgirá a la vida de comunión con Dios en la que tanto se había gozado antes (Martínez, p. 122).

Una vez más afirmamos que Dios es el productor de la vida, el produjo la vida en la naturaleza, por ejemplo todo lo que es la flora y la fauna, el resto del universo. El hombre mismo es producto directo de la creación de Dios. Los árboles como parte de la creación fueron creados por la palabra de Dios. Sin embargo como seres humanos, El nos creó a su imagen y semejanza, fuimos formados y moldeados por sus propias manos.

Hoy debemos reconocer que la vida que tenemos es un regalo de Dios, que procede de él y debe tornarse a Él. Él creó al ser humano para que le sirviera, para alabanza de su gloria, Pablo dice que ahora también hemos sido creados en Cristo Jesús para buenas obras (Efesios 2:10).

CONCLUSIÓN.

Es fascinante la comparación que Job hace en relación al árbol y al hombre. Job dice que el árbol aunque fuere cortado, envejeciere su raíz en la tierra, si su tronco fuere muerto en el polvo, a pesar de todo ello, al percibir el agua, retoñará, sus renuevos no faltarán, reverdecerá y hará copa como planta nueva.

Que maravilloso ¡los árboles tienen esperanza! Esperanza de volver a florecer y de producir, esperanza de recuperar su identidad, su belleza, etc. Sin embargo dice Job el hombre no tiene esperanza, se seca como las aguas, se agota como los ríos, muere, pierde toda su belleza y no vuelve a levantarse.

El pesimismo de Job acerca de la muerte es comprensible. Lo que es notorio es su esperanza floreciente (Job 14:14). ¡Si Dios o alguien lo escondiera con los muertos (en el Seol) y luego lo volviera a sacar a la vida! ¡Si pudiera morir y volver a vivir!

Como creyentes si tenemos que soportar el sufrimiento, tenemos ventaja sobre Job, sabemos que los muertos resucitarán. Tenemos esperanza la cual se basa en las promesas de Dios, en la resurrección de Cristo de entre los muertos. Pablo dijo si Cristo no resucitó vana es nuestra predicación, vana es nuestra fe. Si Cristo no resucitó tampoco los muertos resucitarán (I Corintios 15:13-17, 20).

Pero como Cristo resucitó los creyentes tenemos esperanza, resucitaremos en el día postrero para estar para siempre con el Señor.

El árbol tiene esperanza, es cierto. Pero un árbol no tiene alma, no siente dolor, tristeza, no experimenta el perdón de los pecados, la paz, la vida abundante.

Como hombres creyentes tenemos todo ello. Aun el inconverso tiene esperanza de resucitar pero para condenación. Los creyentes resucitaremos para vivir para siempre con el Señor.

Les invito a reflexionar sobre la esperanza del árbol y las promesas, la esperanza que tenemos como cristianos en las Escrituras. Job expresó: “…Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?..» (Job 14:14)

El Señor Jesús, el Señor de la vida y de la muerte responde: “…Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente…” (Juan 11:25).

BIBLIOGRAFÍA

Chapman, Milo L. y Otros. Comentario Bíblico BEACON. Tomo II: Literatura Poética y Sapiencial. Kansas City, Missouri. EE. UU. Casa nazarena de Publicaciones, 1990.
Green, Guillermo H. Libro de Job.
Henry, Matthew. Comentario Exegético – Devocional a toda la Biblia. Tomo 2: Libros Poéticos Job – Proverbios Eclesiastés y Cantares. Barcelona, España. Editorial CLIE, 1988.
Luz, José Ojeda. El Libro de Job. Morelia, México. Ediciones “ETESA”, 1964.
Martínez, José M. Job, la fe en conflicto. Terrassa, Barcelona. Editorial CLIE, 1982.
Nelson, Wilton M. y otros. Diccionario Ilustrado de la Biblia. Miami, Florida, EE. UU. Editorial Caribe, 1990.
Trenchard, Ernesto. Introducción a los libros de la Sabiduría y una Exposición del Libro  De Job. Trafalgar, Madrid. Editorial Literatura Bíblica, 1972.
Zuck, Roy B. Job. Terrassa, Barcelona, España. Publicaciones Portavoz Evangélico, 1981.

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