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Lo muerto no se entierra

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Introducción:

¿En qué piensa usted al escuchar la palabra muerto? Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que la mayoría de las personas piensa en llanto, tristeza, féretros, sepulcros, y en toda clase elementos y ritos relacionados con los cadáveres dispuestos para sepultar, cremar, etc. (según las costumbres del lugar y la época). Por supuesto, después de que una persona (o cualquier ser viviente) pierde la vida física, ¿qué más le queda a sus dolientes?

Examinemos algunos sucesos narrados en la Biblia, que evidencian este hecho: Lucas 8:49 «Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro». Lucas 7:11-13 «Aconteció después, que él iba a una ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores» Juan 11:38-39 «Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días».

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Observamos tres realidades similares. En los tres casos hay un muerto y varios desconsolados. La diferencia básica entre los tres, es la edad del muerto y el tiempo transcurrido desde su fallecimiento. En el primer caso, se trata de una niña y acababa de morir. El segundo es un muchacho y tenía al menos un día de muerto. El tercero es un hombre adulto, muerto hace cuatro días y ya sepultado. En todos los casos, al parecer las familias han aceptado el hecho y no tienen esperanza alguna.

A pesar de toda lógica y realidad humana, estando Jesús presente en las tres situaciones (ver versículos siguientes a los expuestos), la desesperanza, la tristeza, la duda quedan atrás, porque Él con su amor, poder y misericordia levantó a cada uno de estos muertos y los entregó a sus familias, devolviendo así el gozo a sus vidas y magnificando el nombre de Dios.

Ahora bien, el asunto que se nos está revelando es más profundo. La resurrección de un muerto, es, sin duda, un milagro sorprendente por su evidencia a los ojos humanos. Sin embrago, la salvación, la restauración espiritual, el crecimiento, el avivamiento, la paz, son milagros mayores por su nivel de bendición que alcanza más que una vida y familia por más que el tiempo de permanencia en la tierra, se gana a muchos para la eternidad.

Enseñanza:

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Cuando Jesús anuncia en Juan 10:10 que «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia», nos está advirtiendo que más que buscar nuestra muerte física, el enemigo quiere robar las bendiciones y destruir la obra de Dios en nuestras vidas, lo cual resulta peor que la muerte, porque nuestra victoria está en que vivos o muertos le pertenezcamos a Cristo.

Muchos creyentes pueden estar perdiendo bendición y a punto de ser destruidos, porque hay áreas muertas en sus vidas, algunos aspectos de su existencia están inertes, y otros quizás agonizan; y ellos se han conformado, lo han aceptado como algo inevitable (así como las familias de aquellos pasajes habían aceptado la muerte de sus seres queridos). La obra que Jesús realizó levantando aquellos muertos de sus tumbas, es la que anuncia en este versículo, Él ha venido para que tengamos vida en abundancia.

La visión del valle de los huesos secos (máximo estado de muerte) Ezequiel 37:1-4 en los versos 11y 12 indica su referencia a un pueblo vivo físicamente, pero que se ha secado, está muerto en el espíritu, un pueblo desesperanzado que sabe que está destruido por su estado espiritual. Sin embargo, el Señor Dios todopoderoso y lleno de misericordia les declara, en los versos 13 y 14, que en Él aún tienen esperanza, sin importar la gravedad de su condición actual.

En este texto el Señor muestra claramente como actúa para restaurar una vida y librarla de la muerte y la destrucción:

Versos 1-2: El mismo se llega hasta el muerto. Puede usar a sus siervos, me puede usar a mi, te puede usar a ti. Esto mismo hizo con los muertos del Nuevo Testamento, a quienes generalmente tocó, ese es el toque del Espíritu Santo, con el que contamos hoy.

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Versos 3-8: Profetiza, ordena OID PALABRA DE JEHOVÁ, Él mismo desata su Palabra sobre la situación, de manera aquel poder por el que fueron creadas todas las cosas y por el cual se sustentan, actúa sobre ella.

Versos 9:10: Ministra la unción y llenura del Espíritu Santo y la vida o situación es levantada con gran fortaleza y poder. Desde luego, aquel que será levantado debe hallarse en el lugar donde se derrama la unción.

Conclusión:

LO MUERTO NO SE ENTIERRA… LO MUERTO SE RESUCITA EN EL NOMBRE DE JESÚS Y CON EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO.

Nuestro reto de hoy es lo dicho por el Señor en Deuteronomio 30:19: «A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; ESCOGE, PUES, LA VIDA, PARA QUE VIVAS TÚ Y TU DESCENDENCIA; AMANDO A JEHOVÁ TU DIOS, ATENDIENDO A SU VOZ, Y SIGUIÉNDOLE A ÉL PORQUE EL ES VIDA PARA TI Y PROLONGACIÓN DE TUS DIA; A FIN DE QUE HABITES SOBRE LA TIERRA QUE JURÓ JEHOVÁ…»

Si quizás hay algo muerto hoy en tu alma, en tu espíritu, en tu familia, en tu cuerpo, en tu ministerio, etc. Profetiza ahora, en el nombre de Jesús, di a la situación: OYE PALABRA DE JEHOVÁ; di a tu alma y a tu espíritu: ESCOGE HOY LA VIDA PARA QUE VIVAS.

Habla a los órganos del cuerpo (toda enfermedad y desorden), al alma (carácter, pensamientos, voluntad, emociones, sentimientos), al espíritu (comunión, obediencia, oración, sujeción), a la vida cotidiana, a las relaciones, etc. desatando la palabra de Dios y clamando la unción y el poder del Espíritu Santo, para que todo ello pase de muerte a vida, de maldición a bendición, de rebelión a obediencia perfecta; para la gloria de Dios nuestro Padre y de nuestro amado Señor Jesucristo. AMEN.

Acerca Olga de Hurtado

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