El cuidado de Dios para sus hijos

Una vez Mefiboset disfrutaba de compañerismo ininterrumpido con su padre Jonatán. Lo mismo sucedió con Adán, que caminaba con el Señor en el frescor de la tarde y disfrutaba con el Padre Creador. Al igual que Adán, Mefiboset supo lo que era estar en íntima relación con el rey.

Mefiboset sufrió una caída, lo cual lo dejo lisiado (2 Samuel 4:4) para el resto de su vida. Asimismo, cuando entro el pecado en el mundo, Adán y Eva huyeron atemorizado. Se escondieron de Dios, la humanidad se convirtió en una lisiada espiritual, y lo será por siempre mientras viva en la tierra.

David, el rey, por puro amor a Jonatán, mostró gracia a su hijo minusválido. De igual manera Dios, por amor a su Hijo Jesucristo, y gracia al castigo que éste pagó en la cruz, muestra su gracia al pecador que confía en él. Sigue buscando a las personas discapacitadas y muertas por causa de la corrupción, huyendo de Dios, acabadas, temerosas y confundidas.

Mefiboset no tenía nada, no merecía nada, no podía pagar nada. De hecho ni siquiera hizo nada por ganarse el favor del rey. Se encontraba huyendo de él. Lo mismo puede decirse de nosotros: no merecíamos nada, no teníamos nada, no podíamos ofrecerle nada a Dios. Estábamos huyendo de él cuando nos encontró.

David restauró a Mefiboset de un lugar de abandono a un lugar de honor. Lo trajo al lugar de abundancia, nada menos que a la corte misma del rey. Dios nos ha tomado de donde estábamos y nos ha traído a donde él esta: a un lugar de compañerismo con él.

David adoptó a Mefiboset incluyéndole en su familia, y se convirtió en unos de los hijos del rey. Eso es lo que el Señor ha hecho por el pecador que pone se fe en él: nos ha adoptado en la familia del Rey Celestial. Todo cristiano es adoptado como un miembro de la familia de Dios.

Dios nos escogió en nuestra condición pecaminosa y rebelde, y nos tomó por su gracia de un lugar triste y desolado y nos dio un lugar en su mesa. Y que, por amor, permitió que su mantel de gracia cubriera nuestro pecado.

Acerca Ramón Antonio Henríquez Pérez

Ramón Antonio Henríquez Pérez

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Un comentario

  1. Hermosa reflexión. Gracias por compartirla. Ha sido de bendición para mi vida.

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