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La dureza de corazón

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La dureza de corazón es algo que nunca trae buenas consecuencias, y aunque temporalmente nos parece que hemos conseguido nuestro propósito, con el correr del tiempo la razón nos lleva a lo contrario. Nos deja ver que no obtuvimos, en aquel momento, una victoria, sino que hemos fertilizado una raíz de amargura que no nos permite vivir con alegría.

Efectivamente, la dureza de corazón, en el menor de los casos, nos hace vivir con tristeza por algo que no hemos disuelto con justicia. Pero en los peores casos, nos convierte en un individuo violento y malvado. En una persona que su dureza es tan grande, que no se detiene en castigar despiadadamente o hasta cometer un crimen contra alguien inocente.

Yo pude ver esa dureza de corazón con violencia en el año 1980, en Cuba. En aquel entonces, los cubanos que decidían abandonar el país, por la razón que fuera, eran perseguidos y golpeados salvajemente por una turba fanática y endemoniada que lo hacía caminar delante de ella por toda la ciudad, ofendiéndole de palabra y castigándole duramente hasta dejarlo sin fuerzas y, en ocasiones, seriamente herido.

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Aquel circo romano, en las afueras del coliseo, me impresionó grandemente y por varios años tuve sueños que se convertían en una pesadilla donde yo me veía azotado por esa enardecida y despiadada multitud que tenía un corazón tan duro, que no permitía la entrada de Dios.

Cuando llegué a Miami y acepté a Jesucristo como mi Señor, volvía soñar con aquella turba y una vez más me veía acosado por ella, y su corazón estaba tan endurecido que no escuchaban mis explicaciones.

Por más que explicaba que era inocente y que yo no planeaba abandonar el país, los enloquecidos de la pandilla menos escuchaban y más me acechaban, para cumplir con lo que su corazón les dictaba: un castigo injusto hasta la saciedad.

Era sólo un sueño; pero era lo que yo había visto años atrás. Ya la turba estaba a punto de golpearme, cuando saqué fuerzas de lo profundo y le grité: -¡Un momento, no podrán hacerlo porque mi Señor Jesucristo, no lo permitirá!

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En el sueño pude oír estrepitosas risas y ver algunas caras burlonas; pero algo grande sucedió y la multitud fue estremecida como si una descarga eléctrica cayera sobre todos y los obligara a hacer una media-vuelta. Era algo verdaderamente indescriptible; pero trataré de contar lo que vi: Alguien con una larga bata banca y con cabellos largos y barba, avanzaba hacia la multitud. En cada mano traía una fruta semejante a una manzana; pero no pude precisar exactamente lo que era.

Al llegar, se tomó tiempo para hablar, mientras la turba, en silencio absoluto, esperaba aterrorizada. El aire comenzó a soplar ligeramente y un olor a justicia ya se respiraba.

El recién llegado, que en el sueño no era otro que Jesucristo, miró seriamente a aquellos desquiciados que temblaban ante su presencia. Después miró para mí y me dedicó una suave sonrisa que sin palabras, me decía: No temas que he venido por ti y nada te ocurrirá.

Por fin, levantó su mano derecha dejando ver parte de la fruta, la presionó con fuerzas y dijo: -Cuando la dureza es justa, siempre sucede esto –abrió la mano y se pudo apreciar la fruta intacta.

Posteriormente levantó la mano izquierda dejando ver parte de la otra fruta, la presionó con ligereza y en el acto la fruta se explotó, y entonces dijo: -cuando la dureza no es justa, ya pueden ver lo que sucede.

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Todavía a estas alturas, yo no he podido a ciencia cierta, interpretar todo lo que el Maestro quiso decir en esa parábola, sólo sé que me dijo que le abriera mi corazón que él siempre estaría conmigo por muy difícil que yo viera la situación.

Sé que hay mucho más en esas palabras; pero quien sí lo pudo interpretar rápidamente fue aquella turba que cayó postrada ante su presencia, con temor y temblor, pidiendo perdón y dejándome ir libremente, aunque después, no supe más de ella.

Es sabido que hay algunos exagerados, que dentro del evangelio, hablan de milagros que no ocurrieron y los componen a su manera. Ellos, dice la palabra de Dios, ya tienen su condenación por falsos maestros.

Yo no he exagerado en este relato y en todo momento he aclarado que transcurrió en un sueño, que a fin de cuentas, es una de las maneras que Dios usa para hablar a los creyentes y darle revelaciones. Pero de lo que sí estoy seguro es que, el Señor, a través de ese sueño, me dejó claro que la dureza de corazón trae funestas consecuencias, mientras que un corazón abierto y dispuesto, atrae bendiciones.

La dureza de corazón se puede observar también en las butacas vacías de las iglesias y en los oídos sordos de los que se les habla en la calle y no quieren escuchar porque no creen. Para tales comportamientos la palabra de Dios dice:

Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y su dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.Marcos 16:14-16.

© Antonio Fernández. Todos los derechos reservados.

Acerca Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernandez, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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