Las Promesas de Dios

Estudios Biblicos

Las promesas del Señor son una expresión de su amor y de lo mucho que nos cuida. Es por medio de ellas que cumple con el plan que ha trazado para nuestra vida y con el propósito que tiene para su reino.

Sus promesas incondicionales nunca cambian, y no hay nada que podamos hacer para impedir que se cumplan. Sin embargo, el cumplimiento de las promesas condicionales depende de la respuesta que demos, de acuerdo a nuestra fe en Cristo.

Las promesas de Dios deben ser una parte vital de nuestra vida, pues todo nuestro sistema de creencias está basado en ellas. Las promesas de Dios son el fundamento de nuestra vida diaria.

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Pero a pesar de que nos ha dado acceso a este maravilloso recurso, hay muchos que nunca reconocen que la respuesta a nuestras necesidades se encuentra en la Palabra de Dios. Razón por la cual debemos acogernos a las promesas de Dios diariamente, y no considerarlas simples palabras que hallamos en la Biblia.

Las promesas de Dios son para los que esperan y tienen verdadera fe en él. El no cristiano no puede acogerse a esta promesa porque no conoce a cristo. No se puede esperar en alguien a quien no conocemos, pero el creyente conoce a su Padre y sabe que le responde cuando aclamamos a él. Sin fe es imposible a agradar a Dios.

I. Las promesas de Dios son esenciales para la vida del cristiano.

Para que podamos comprender cómo podemos apropiarnos de ellas, primero debemos responder algunas preguntas vitales ¿Podemos aplicar todas las promesas de la Biblia a nuestra vida? No, pues en ocasiones están dirigidas a personas específicas que vivieron en otros tiempos y enfrentaron situaciones diferentes.

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Por ejemplo, la promesa de darles un hijo a Abraham y Sara, a pesar de su avanzada edad, no se aplica a nosotros. Pero muchas de esas promesas nos enseñan cómo el Señor provee para nuestras necesidades y cómo obra en nuestro diario vivir.  ¿Quién puede acogerse a las promesas de Dios?

Las promesas del Señor solo son para los creyentes en Cristo, con excepción de una de ellas. Todo ser humano puede clamar para sí la promesa de salvación si está dispuesto a reconocer a Jesucristo como su Salvador personal (Romanos 10.9). No es hasta que da ese paso de fe, que recibe la seguridad de que Dios contestará sus oraciones. Pero si pecamos, a pesar de que ya hemos venido a ser hijos de Dios, perdemos el derecho de acogernos a sus otras promesas (Isaías 59.2).

Nuestro Padre celestial no premiará nuestra desobediencia haciendo realidad sus promesas en nuestra vida. Pero si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados, podemos regresar a vivir en comunión con Él (1 Juan 1.9). Otro requisito esencial para poder acogernos de sus promesas es la confianza (Santiago 1.5-6).

Debemos confiar en que hará lo que nos ha prometido.  ¿Por qué Dios nos ha hecho promesas? En primer lugar, porque nos ama de manera incondicional y desea guiarnos, proveernos y protegernos en todo momento.

En segundo lugar, porque se revela a Sí mismo al demostrar su sabiduría, poder y gracia. No hay nada que podamos hacer para merecer sus promesas, así que solo debemos confiar y esperar a que las haga realidad.

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¿Cómo podemos estar convencidos de que Dios cumplirá sus promesas? Su carácter y naturaleza son nuestras garantías. Por ser perfecto, inmutable y fiel, siempre cumplirá su Palabra. Nada es imposible para el Señor. Siempre tiene la mejor solución, y no hay duda de que responde nuestras peticiones.

Podemos confiar en cada una de las promesas que hallamos en la Biblia. Y si usamos su Palabra para guiar nuestra vida, nos mostrará la manera en la que debemos vivir.

Acerca Juan Carlos Jimenez

Mi mayor deseo es predicar la sana doctrina, presentar a Jesucristo como único medio de salvación, nuestra doctrina es, Jesús Salva, Jesús Sana, Jesús Bautiza, Jesús viene pronto. no hay otro medio (Hech 4:12) . Soy un siervo de Jesucristo, no me atribuyo nombres solo siervo de Jesucristo.

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