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Discipulado Nº 25. La transformación tiene un precio

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DISCIPULADO Nº 25. PARA LA TRANSFORMACIÓN INTERIOR SE TIENE QUE PAGAR UN PRECIO.

Quiero dejar bien claro desde el principio que al decir que se tiene que pagar un precio si queremos ser transformados en nuestro interior, NO estoy diciendo que podemos pagar por ser cambiados; sino que se requiere dejar voluntariamente la vida pecaminosa que nos acosa cada día. Debemos entregarnos completamente al Rey de reyes y Señor de señores, para que Él sea, con el poder de Su Palabra y con su Espíritu Santo transformándonos día a día.

Hay un personaje en la Biblia que puede traer mucha luz a este tema y ese es Jacob y su encuentro con Dios en Peniel (Leer Génesis 32:24-32).

Antes de entrar en el estudio de estos versículos, es necesario entender el trasfondo de este personaje bíblico. Jacob, nieto de Abraham a quien se le dio promesa de gran descendencia, nace de un parto de gemelos, en el que después de luchar con su hermano en el vientre sale último y agarrando el calcañar del primero. El que agarrase el calcañar de su hermano en el nacimiento revela su carácter desde el principio, uno que busca establecerse debilitando a otro. Entonces la naturaleza de Jacob era según el significado de su nombre: usurpador.

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Para que Dios cumpliera sus planes en la vida de este “Usurpador”, tenía que realizarse una transformación total en la vida de Jacob.

A lo largo de su vida, la historia relata cómo, mediante su astucia y engaño, tuvo que huir de su casa e involucrarse en una vida muy difícil. Los resultados hablaban por sí solos: su hermano lo quería matar, no volvió a ver más a sus padres, su suegro lo engañó tres veces. Sin embargo en medio de su huida, Dios reveló su propósito con él mediante sueño porque ya él había sido elegido por Dios. Es decir, todo lo que ocurrió en la vida de Jacob no era necesario para que recibiera lo prometido, pero sí para que lo entendiera.

Análisis de los versículos de Génesis 32:24-32 (Versión Biblia Textual)

Génesis 32:24 «Y Jacob se quedó solo, y un varón estuvo luchando con él hasta rayar el alba.«

Era de noche, Jacob está solo, angustiado porque teme encontrarse con su hermano al que él había engañado. Ha comprendido que su esfuerzo ha sido en vano, que no ha logrado alcanzar lo prometido a través de sus obras. Ahora, le espera enfrentar las consecuencias de sus actos, y esta vez sabe que si lo intenta por sus medios, fracasará. Jacob estaba angustiado, sin argumentos, sin fuerza, justamente las condiciones agradables a Dios para entrar en escena (Salmos 51:17).

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A este momento, ya Jacob había experimentado la presencia de Dios por lo que cuando se presenta este varón, es obvio que Jacob corrió hacia Él desesperado. Parecería ser que era el momento de Jacob de al fin obtener lo que quería, pero antes de que fuera su momento, era el momento de Dios de probar su fe. ¿Qué había recibido Jacob de Dios? Una promesa. Pues, era momento de cosechar de Jacob la respuesta a esa promesa.

Génesis 32:25 «Pero viendo que no podía con él, le atacó el encaje de su muslo, y se le descoyuntó el muslo a Jacob mientras luchaba con él.«

Es irónico pensar que el varón no podía con Jacob, suena absurdo. El hecho de que el varón no podía con Jacob, no se refiere en un plano de fuerzas físicas, sino en el plano espiritual.

¿Por qué le desencajó el muslo a Jacob? El muslo es símbolo de fuerza, es donde se encuentra el hueso más fuerte del cuerpo, el fémur; en donde se deposita el mayor peso del cuerpo. Además, por esta razón era costumbre en estos tiempos hacer juramento colocando la mano debajo del muslo de la persona a la que se le juraba (Génesisesis 24:1-7; 47:29) para validar la palabra empeñada a fin de que fuera cumplida.

Entonces, al tocarle el muslo a Jacob y desencajarlo, es obvio que el varón estaba debilitándolo, y basado en esta costumbre, es posible que estuviera dejando nula toda fuerza humana de modo que no hubiese duda que la gracia solamente proviene de Dios sin intervención humana.

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¿Qué nos enseña este versículo? Que para ser aceptables ante Dios, y recibir lo prometido, no es necesaria nuestra intervención humana sino la simple disposición de recibirlo. Que si bien nuestra intervención retarda la promesa, no la hará nula, sino que en el momento que nos entreguemos a la fe seremos justificados para recibirla y esa será nuestra victoria (Romanos 3:1-4).

Génesis 32:26-27 «Entonces dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices.
Vemos aquí la transformación del recipiente de la promesa, Jacob. Jacob había sido transformado por la gracia de Dios y lo refleja apegándose al dador de la promesa, sin soltarle a pesar de su debilidad. 27 Y le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob

Acerca Moreiba Cabrera

Moreiba Cabrera, pastora principal de la iglesia Nueva Vida de Madrid. Directora de la extensión de Madrid del Centro de Estudios Superioriores de Teología de Asambleas de Dios CSTAD.

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Un comentario

  1. no tengo el discipulado numero 13 y el 18 esos dos me faltan donde los puedo ubicar

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