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Las credenciales del Mesías – Estudio Bíblico

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

LAS CREDENCIALES DEL REY EN LOS SINÓPTICOS

Los nombres y títulos dados al Señor Jesucristo por los que lo siguieron, son pruebas de primer orden para la demostración de su realeza. La prueba está construida sobre el uso que los diferentes escritores de los Evangelios hacen de: “Señor,” Cristo,” y de los títulos “Salvador,” “Hijo de Dios,” e “Hijo del hombre.”

I. SEÑOR.

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En los evangelios sinópticos, se observa que Marcos y los textos más antiguos no aplican este término a Jesús, es llamado “Maestro” con frecuencia y “Rabbí” cuatro veces. Es llamado Kyrios sólo en 7:28, donde la mujer sirofenicia posiblemente sólo quería usar un término de cortesía y en Marcos 11:3 donde el significado más aceptable es el de “Maestro. Mientras por el contrario en Mateo aparece siete veces y en Lucas veinticinco, lo emplean a menudo en el sentido de rabbí-maestro. En este sentido, la palabra “Señor” expresa un respeto profundo, al mismo tiempo que la sumisión completa del discípulo respecto a su maestro.

Los rabinos de Palestina se rodeaban de discípulos que les debían una veneración que a veces se convertía en un servilismo profundo, que fue censurado a menudo por Jesús.

Próximos a este primer sentido de Señor (Maestro) son los textos donde la misma palabra corresponde más bien al castellano jefe (Lucas 1:43), patrono (Lucas 16:3-5), propietario (Mateo 13:27; Lucas 13:8), gobernador (Mateo 27:63).

Estos diversos usos de la palabra “Señor” nos recuerda que la sociedad antigua estaba jerarquizada. Esto es de vital importancia a la observación de que la fe cristiana se reservó al señorío absoluto solo y exclusivamente a Jesús. Con la resurrección, llegó a ser conocido como “Señor” en el más sentido del término.

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Los evangelios sinópticos nos llevan a recordar que la versión griega del AT, llamada de los Setenta, traduce la palabra “Señor” en primer lugar el hebreo “Adonay” y luego el tetragrama que designa al Dios de Israel, YHVH “Yahvéh” (cf. Marcos 1:3 con Isaías 40:3; Salmos 110:1).

El Salmo 110 influyó grandemente en la reflexión cristiana en los primeros días. Para los primeros cristianos de habla griega, que estaban familiarizados con el AT griego, el empleo de “Señor” como título para Jesús llevaba consigo el reconocimiento de su divinidad.

El uso de “Señor” en Lucas es usado como una designación narrativa que substituía a “Jesús” muestra el elevado concepto que Lucas tenía de Jesús como deidad. Este término fue aplicado a Jesús de Nazareth en una forma que confirmaba sus demandas de Rey.

La más fuerte evidencia en el NT de que Jesús se consideró a sí mismo como Señor, no radica en el término mismo. Se encuentra más bien el hecho de que él se movía entre los hombres con el aire de quien tenía el derecho de dar órdenes de hacer reclamos absolutos a otros.

  • Exigió prioridad sobre lo que reclamaban padres, madres, esposos y esposas.
  • Declaró que tenía autoridad sobre la torah.
  • Declaró que tenía autoridad sobre el sabat, tan apreciado por los judíos.
  • Llamó a los hombres a sí, mandándoles que dejarán todo los demás y le siguieran a él.
  • Su misma forma de actuar fue la de alguien que pensaba de sí como Señor en el más alto sentido.

II. MESÍAS O CRISTO.

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El término (del hebreo mashiaj) “ungido” no aparece en los sinópticos y sólo lo hallamos dos veces en el evangelio de Juan (1:41; 4:25). Pero sí encontramos a menudo el equivalente griego Christos. Este título fue escogido por la iglesia primitiva como el que mejor expresaba la personalidad y la obra de Jesús.

El antecedente del concepto mesiánico debe buscarse en el Antiguo Testamento. Se define el mesianismo como la expresión bíblica de una era escatológica de salvación, que culmina en el establecimiento de un reino de Dios y señala que es la expresión del concepto bíblico del tiempo y la historia como un procesos único y lógico, con un principio y fin, que tiende al fin señalado por Dios.

En el centro de este proceso está el Mesías como Salvador escatológico que establecerá la armonía entre Dios y el hombre que había sido perturbada por el pecado.

El Mesías es quien, finalmente, establecerá el reino de Dios, un reino de paz y de justicia. El término “Cristo” es de origen griego y significa “ungido.”

El equivalente hebreo es “Mesías” y tiene la misma etimología. Los patriarcas fueron llamados “ungidos de Dios” Salmo 105:15; profetas 1 Reyes 19:16; sacerdotes Éxodo 28:41; y reyes 1 Samuel 10:1, fueron ungidos y en ciertos sentido, todo el pueblo de Dios fue su “ungido” porque se entendía que todos ellos habían de ser profetas Números 11:29.

El ungimiento, probablemente derramando aceite en la cabeza, era el acto de consagrar a alguien para un oficio. El término “Mesías” llegó a designar, el judaísmo posterior, a una figura escatológica y como título, siempre corresponde a alguien de “los últimos tiempos.”

La palabra “ungido” aparece en el Antiguo Testamento pero no como título como sería “el Mesías” o “el Ungido.” Sin embargo, es claro que el judaísmo posterior esperaba un Mesías y los judíos y cristianos primitivos se referían al Antiguo Testamento en busca de una descripción de éste. Jesús aceptó el título de Mesías o Cristo pero no alentó su uso.

Eso fue comprensible, ya que el término “Mesías,” sin embargo, tenía implicaciones políticas para los judíos del primer siglo que harían difícil su uso. Muchos entendían que la primera misión del Mesías era la expulsión de los poderes del mundo. Significaba la liberación de los judíos de Roma.

Jesús rechazó el papel de mero libertador nacional. No era un revolucionario para llevar a los zelotas al combate físico con los romanos. Su reino se establecería otorgando vida, no tomándola. Sería por medio de una cruz y no de una espada. Jesús aceptó el título de Mesías, pero interpretó su papel como Mesías en términos de las figuras básicas del Antiguo Testamento, especialmente las del Siervo sufriente y el Hijo del Hombre.

III. SALVADOR.

Puede resultar una sorpresa que “Salvador,” un título tan familiar para nosotros hoy, no tiene una prominencia destacada en el Nuevo Testamento. Jesús no usó ese título para sí mismo. En los evangelios es llamado “Salvador” sólo en Lucas 2:11 y Juan 4:42.

Lo anterior, aunque técnicamente correcto, en cierta forma oscurece la situación en el Nuevo Testamento, ya que el verbo “salvar” aparece en alguna forma más de cien veces. Jesús habló de su ministerio diciendo “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Su nombre “Jesús” indicaba su misión de que él “salvará a su pueblo de sus pecados.”

Acerca Martín A. Pacheco

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