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La Paz de Dios

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Según el diccionario, la paz es “la inexistencia de una guerra o desorden civil; quietud, tranquilidad, calma mental; en un estado amistoso, y no de contienda.” La paz de Dios es más difícil de entender o definir. La Palabra de Dios dice que esa paz trasciende todo entendimiento (Filipenses 4:7).

La palabra hebrea para paz es “shalom” (salom); y el significado es totalidad, plenitud, descanso, orden, armonía/unidad e incluso salud, contentamiento, prosperidad y satisfacción, como también ausencia de cualquier tipo de contienda. Cuando tenemos una relación cercana con Dios y su voluntad, la armonía y las bendiciones vienen.

En efecto, la paz de Dios es parte de Su naturaleza (Jueces 6:24; Romanos 15:33; 1 Corintios 14:33; 1 Tesalonicenses 5:23, 24; Hebreos 13:20) y únicamente Él es la fuente de la verdadera paz humana. La palabra griega para paz es “eirene,” que tradicionalmente se refiere a una forma de vida próspera y ordenada en ausencia de guerra. Sin embargo, el Nuevo Testamento modificó su significado para estar más relacionado con la palabra hebrea “shalom.” El Nuevo Testamento también enlaza la palabra paz directamente a Jesús. Después de todo, Él es la forma humana de la paz de Dios.

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En efecto, la paz de Dios debe guardar nuestros corazones y mentes en Cristo (Filipenses 4:7). Si la tienes, te mantendrá en la carrera; y si la pierdes, anhelarás que regrese. Por lo tanto, puede gobernarnos (Isaías 60:17) y ser una herramienta útil para motivarnos a permanecer en Dios. La paz de Dios siempre debe gobernar en nuestro corazón, ya que, como miembros del cuerpo de Cristo, estamos llamados a la paz (Colosenses 3:15).

La Palabra de Dios también nos dice que Su paz puede darnos un futuro, porque hay un futuro para los hombres de paz (Salmos 37:37); trae vida al cuerpo, porque un corazón en paz trae vida el cuerpo (Proverbios 14:30); trae gozo (Proverbios 12:20), belleza (Isaías 52:7) y cosecha justicia (Santiago 3:18); y proclama o comparte la paz que nos ha sido dada por Dios, quien nos la da en gran medida debido al principio de sembrar y cosechar (Lucas 6:38; 2 Corintios 9:6).

Existen varias formas en las que podemos perder nuestra paz, las cuales son:

► Un pecado no confesado (Isaías 48:22).
► Desobediencia a Dios.
► No permitir que la paz de Dios gobierne nuestros corazones (Colosenses 3:15).
► Una vida espiritual desorganizada.
► Vivir una vida injusta (Isaías 59:8).

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También existen varias formas para establecer la paz de Dios en nuestro corazón. (Isaías 53:5; Romanos 5:1; Efesios 2:14–18). Otras formas de conservar la paz de Cristo, y de que ésta gobierne firmemente nuestros corazones son:

► Darle espacio al Espíritu Santo en nuestras vidas para que produzca paz, la cual es fruto del mismo (Gálatas 5:22).

► Permitir que la paz de Cristo gobierne nuestros corazones (Colosenses 3:15). Esto implica someter nuestra voluntad a la voluntad de Dios.

► Como hemos visto, Dios es paz por naturaleza; y si pasamos tiempo con Él y en su Palabra, esa paz va a “influir” en nosotros.

► En Filipenses 4:4–9 encontramos varias cosas que podemos hacer para establecer la paz de Dios en nuestros corazones. Éstas son: regocijarnos en el Señor (vs. 4); que nuestra bondad sea conocida por todos (vs. 5); no afligirnos por nada, sino presentar todo a Dios en oración con acción de gracias (vs. 6); pensando en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama, en toda clase de virtudes y en lo que merece alabanza, porque nosotros somos lo que pensamos (vs. 8); y poner en práctica lo que hemos aprendido de Dios y de hombres sabios (vs. 9).

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► Buscar y seguir la paz (Salmos 34:14; Romanos 14:19).

► Amar las enseñanzas de Dios, porque gran gozo tienen aquellos que aman su Palabra (Salmos 119:165).

► Encontrar la sabiduría, porque los que andan en ella viven en paz (Proverbios 3:13, 17).

► Disciplinar a nuestros niños (Proverbios 29:17).

► Conservar nuestras mentes firmes, porque confiamos en Dios (Isaías 26:3; Romanos 15:13).

► Practicar la justicia, porque el fruto del Espíritu es la paz (Isaías 32:17; 57:2).

► Prestar atención a los mandamientos de Dios (Isaías 48:18).

► Ser hijos de Dios, instruidos por Él (Isaías 54:13).

► Hacer el bien, porque Dios da gloria, honor y paz a aquellos que hacen el bien (Romanos 2:10). Esto explica por qué muchos, aunque no conocen a Dios, parecen disfrutar una vida de paz, por ejemplo, hacen el bien a otras personas y, por lo tanto, cosechan el beneficio de esta promesa de Dios. En Cristo, sin embargo, tenemos disponible una paz aún mayor, porque incluye la paz con Dios que toda la humanidad fue creada para conocer y, sin lo cual es imposible conocer una verdadera paz profunda.

► Tener una mente controlada por el Espíritu Santo, el cual lleva a la vida y la paz (Romanos 8:6).

► Confiar en el Dios de la esperanza, porque entonces seremos llenos paz (Romanos 15:13).

Y la paz de Dios que trasciende todo entendimiento, guarde sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.”

Acerca Salvador Cruz

Pastor/Misionero Maestro en Misionologia INSTITUTO TEOLOGICO

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