El poder del estímulo

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

2 Corintios 1:3-11

Era un 2 de mayo de 1974, el día amaneció triste e invitaba a la reflexión. Raúl del Salto (un misionero en el oriente ecuatoriano) se preparaba para hacer un viaje corto, apenas de 15 minutos de trayecto.

Sin embargo, la lluvia continuaba bañando las calles y el cielo de la provincia de Paztaza impedía el vuelo que tenía que realizarse desde la base militar en Shell, una población acogedora donde hay un Seminario Bíblico y en donde aquel misionero pasó 4 años de su vida preparándose para el ministerio cristiano. El vuelo tenía que realizarse desde esta población hasta la ciudad de Ambato.

Debido al mal tiempo, el vuelo tuvo que suspenderse para la tarde. Raúl le comunicó a su esposa de este particular y ella le dijo mejor no te vayas, porque el tiempo continúa igual y así está muy peligroso viajar.

Sin embargo, llegó a su casa, comió, se arregló y se despidió de su familia antes de partir. A las 2:00 se encendieron los motores del avión ATESA, fue un despegue perfecto. A los 5 minutos el piloto da su informe diciendo que se encontraban a la altura del río verde, luego reinó el silencio.

Pasaron 15 minutos, entonces llamaron de la torre de control a la ciudad de Ambato para cerciorarse del aterrizaje, pero no había respuesta, no lograban conectarse con la llamada. Pasaron los minutos, las horas y no se tenían noticias. Salieron las patrullas de rescate y al fin llegó el aviso: el avión de ATESA se estrelló contra los Llanganates.

Cuando la noticia llegó a oídos de su esposa Elisa, ella no sabía qué hacer ni qué pensar. Muy angustiada le comunicó a su hija Margarita, quien enseguida prorrumpió en llanto. Ambas su pusieron a orar que Raúl no muriera.

La noticia se propagó rápidamente en la ciudad del Puyo. Por todo lado se observaban rostros de angustia y de llanto. La escena era muy dolorosa. Por la noche celebraron un culto y luego al quedarse sola la hermana Elisa, Dios le consoló al leer 2 Corintios 1:3,4. En ese momento sintió que Dios le había llevado a Raúl a su presencia.

¿Cuántas veces se ha sentido usted desanimado? ¿Tal vez una o dos, o diría como la mayoría de personas que muchas veces? Pues todos tenemos momentos de desaliento en los cuales nos sentimos agobiados, pesimistas, quebrantados. A veces pensamos que salir de allí será muy pero muy difícil. Tal vez usted se encuentre ahora mismo atravesando un período de abatimiento.

Lo primero que usted tiene que hacer es pedirle específicamente a Dios que le anime, que le consuele, que le ayude a salir adelante. ¿Había pensado usted que en Juan 14:26 al Espíritu Santo se le llama el Consolador? Por eso dice 2 Corintios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación”.

Tristemente puedo decir que muchas personas piensan que Dios sólo se empeña en abatirnos y probarnos, pero lo que Dios quiere es levantarnos. El versículo 4 dice que él nos consuela en todas nuestras tribulaciones. Pero Dios no nos consuela en vano, fíjense en la parte b del versículo 4. Dios tiene un propósito.

El segundo paso es pedirle a Dios específicamente que nos envíe un alentador, es decir otro ser humano que nos diga lo que necesitamos oír, que nos levante el ánimo, que nos dé estímulo, que nos fortalezca y que nos ayude a salir adelante. Pablo estuvo rodeado de problemas (2 Corintios 11:23-28), pero él sobrellevaba aquellas tribulaciones con gozo (7:4).

Muchas veces Dios envía a nuestra vida una persona positiva, una persona capaz de darnos amor y consuelo, alguien que nos dice exactamente lo que necesitamos oír, Tito fue esa persona para Pablo (7:6)

El tercer paso es que debemos animar a otros. Debemos estimular a los demás que también están corriendo la carrera cristiana, especialmente cuando se fatigan a medio camino.

Pablo también compara la vida cristiana como la de un atleta. (2 Timoteo 2:5; Hebreos 12:1,2).

Es increíble lo bien que uno se siente cuando otra persona dice: yo he pasado por lo mismo, y yo lo pude superar. Uno se siente con ánimo para seguir adelante porque ve que otro cristiano lo hizo. Naturalmente, el Dios de todo consuelo estuvo allí todo el tiempo.

Como pueblo de Dios en esta vida, todos tenemos que animarnos, consolarnos, levantarnos el ánimo, estimulando a los demás. Romanos 15:1 dice que los fuertes deben animar y apoyar a los débiles. Proverbios 12:25 dice: El quebranto en el corazón del hombre lo abate, mas la buena palabra lo alegra.

A veces unas pocas palabras son suficientes para renovar la confianza y los bríos de una persona abatida, un lo siento es suficiente.

Las malas noticias por lo general llegan en el momento en que menos lo pensamos, nos afligimos, nos desalentamos, pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros y no pocas veces comenzamos a dudar de él.

Quizá no tenemos el empleo que nos agradaría, o quizá no tenemos empleo, quizá no tenemos las calificaciones que deberíamos tener, quizá enfermedades imprevistas, necesidades económicas, inestabilidad familiar, sentimental o moral han permitido que nos desanimemos. Nos hemos alejado de Dios y hemos entrado en un quebranto espiritual, pero fíjense las águilas, sienten que ya no pueden más, entonces buscan un lugar apropiado, comienza su restauración y salen renovados.

Isaías 40:31 dice: “los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”.

¿Necesita usted una restauración? Si usted se siente abatido, quebrantado, si ha tenido una semana especialmente difícil, si las cosas no han salido como usted pensaba, debe pedirle a Dios que le anime como sólo él sabe hacerlo. Él utilizará su Espíritu Santo, el Consolador, para darle fortaleza, para generar pensamientos positivos en su mente. Puede ser que en esta mañana este mensaje haya servido de aliento para usted. Entonces, ya puede consolarse y animarse y luego ir y consolar y animar a otros.

Acerca Wilson Miranda

Wilson Miranda

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