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La generación sin fe

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Josué 2: 6-10

Propósito: tomar en cuenta los peligros de no cumplir nuestra responsabilidad de transmitir la fe hacia nuestros hijos.

El libro de los jueces nos presenta la historia de Israel que siguió tras la muerte de Josué, el hombre que ocupó el lugar de Moisés en dirigir al pueblo hacia la tierra prometida.

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Inmediatamente después de la muerte de Josué, el pueblo de Israel mostró el deseo de buscar la dirección de Dios (vs. 1-3) y hacer su voluntad.

Pero cuando el pueblo llegó a la tierra prometida, las tribus tuvieron que ocuparse en terminar lo que implicaba lo posesión de la tierra. Esto indicaba que Josué no había concluido la conquista total. Había varios puntos de resistencia en todo el país de Canaán. Así que el pueblo tenía que extender sus conquistas para poseer totalmente la tierra. Cada una de las ciudad de Canaán tenía su propio rey, así que tenían que someterlos a cada uno.

Cada tribu tenían que tomar la parte que le correspondía. Y como lugares estaban aún habitados, las doce tribus, debían llegar y acabarlos por completo como era la orden de Dios, pero en lugar de destruirlos, les impusieron trabajos duros, sin obedecer la orden del Señor de destruirlos.

Y en el cap. 2 vemos que en respuesta a esta falta del pueblo, el Señor les advierte que este hecho les traería sufrimiento.

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Así que mientras el pueblo recordaba aun a Josué y sus enseñanzas, el pueblo se mantuvo fiel al señor “Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel” vs. 7. Así podemos entender que en el tiempo de Josué, mientras iban hacia la tierra de Canaán había hombres ancianos que como dice la escritura habían visto los grandes prodigios de Dios. Y estos hombres eran muy importantes porque ellos eran los encargados de enseñar a los mas pequeños de lo que el Señor había hacho con su pueblo. Los mas pequeños podían no sólo conocer la historia de su pueblo, sino podían conocer del amor de Dios para con ellos. Yo me imagino que noche tras noche, estos abuelos se encargaban de hablar de lo que Dios había hecho.

Tiempo antes, justo cuando el pueblo estaba a punto de llegar hacia la tierra prometida, el señor les habló diciendo: “Oye Israel, Jehová el señor, Jehová uno es….. y estas palabras estarán en tu corazón y las repetirás a tus hijos… Dios había declarado que los responsables de transmitir conocimiento y la fe en el Señor serían los propios padres. Pero ahora el pueblo había encontrado en aquella tierra cosas diferentes, y más aun tenían grandes ocupaciones para poseer la parte de su heredad.

Fue así que el pueblo falló en no obedecer la orden de enseñar a sus hijos toda la experiencia que habían aprendido de Dios. Así que al habitar aquella región, se fueron adaptando poco a poco a los ideales de esa sociedad, donde todo era tan novedoso. Es que después de tantos años en el desierto, donde no había nada, ¿acaso no habría la oportunidad de tomar ventaja de aquello? Pero la orden de Dios era tan clara, que aun las casas de aquellos hombres debían ser quemadas, sin embargo el pueblo tuvo algunas pequeñas concesiones. Pero cuando el pueblo comenzó a habitar la tierra prometida, les nacieron hijos. Surgió una nueva generación, la generación sin fe. Una generación que no sabía de Dios, que no había escuchado de la ley de Moisés, que no sabía del amor de Dios para su pueblo (vs. 10).

Que tristeza tan grande. Pensar que un pueblo cuya historia se había basado entre Dios y ellos, pero justo ahora que tomaría lo que el Señor tenía para ellos, abandonaron a su Dios. “No améis el mundo ni las cosas del mundo”.

Pero este descuido de parte de los padres representaba una completa rebelión hacia los propósitos divinos. Una vez dada la promesa de bendición, el Señor estableció un pacto con su pueblo. Y el cumplimiento de la promesa no estaba condicionada por este pacto, porque primero vino la promesa y después el pacto. “Yo será su Dios, y ustedes serán mi pueblo”. Esto fue lo mismo que el Señor en su pacto con Abraham, y aquel patriarca tenía el deber como padre de transmitir a su familia el que guardaran el camino del señor (Gén. 18:19). Dios no podía esperar menos, y esto mas que limitar a su pueblo, era una garantía de que ellos caminaran hacia las bendiciones que solo podían encontrar en su Dios.

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Pero nació una generación que no conocía a Dios. ¿Qué pasó con aquellos grandes hombres que por tanto tiempo se encargaron de transmitir la verdades de Dios? Todos ellos habían muerto ya. Es una tristeza darnos cuenta que aun habiendo tantos años de separación y de cultura, hay algo que relaciona a la iglesia de Cristo con este pueblo. ¿Dónde están hoy los hombres de Dios?

Uno de los grandes retos que estamos enfrentando como iglesia es precisamente el de la transmisión de la fe. Muchos de los fracasos que parte de las iglesias están teniendo se basa en el descuido de la enseñanza del temor y el conocimiento personal de Dios hacia los mas pequeños, y mas aun de vivirlo como un testimonio.

De acuerdo a Josh Mc Dowell, en La Generación desconectada, nos dice que hace algunos años atrás la juventud se preguntaba ¿en qué debo creer? Obviamente esto implicaba presentar el evangelio. Pero ahora lo que la juventud se está preguntando ¿por qué debo creer? Este conflicto sigue repitiéndose en muchos hogares cristianos, incluso en aquellos que han servido con dedicación en el ministerio.

Si analizamos un poco la escritura podemos encontrar que no sólo esta generación nueva no sólo se había apartado de Dios, sino que como consecuencia, dio entrada a una serie de consecuencias que enfrentaron durante vario tiempo:

Primero el pueblo comenzó a fallar en a su adoración a Dios, apartándose de él (v. 12) en respuesta a su pecado, Dios les entrega en manos de sus enemigos (14, 15). El pueblo clamó a Dios, y el Señor les escucha, enviando jueces que les liberen. Pero esto sucedió vez tras vez, hasta el punto que la Biblia nos dice que en estos días no había ley, y cada uno hacia lo que mejor le parecía. Curiosamente vemos que los enemigos de Israel fueron usados por Dios para probar la fidelidad de su pueblo (3:1,4) Reconozco como padre, que uno de los problemas que tenemos en esta transmisión de fe, es que pensamos que significa solamente dar información acerca de Dios. Leí un artículo donde un pastor menciona que si podemos enseñar lo que sabemos, pero solo podemos reproducirnos en aquello que verdaderamente somos.

Un ejemplo de lo que vino como consecuencia al pueblo fue el de Gedeón quien libraría al pueblo de manos de Madián. Este hombre fue quinto de los jueces. Claro era que el pueblo era muy débil espiritualmente. Recordamos a Gedeón porque fue el hombre que pidió la prueba de que Dios le hablaba por medio del vellón de lana (cap. 6). La Biblia menciona a Gedeón como un hombre de fe. Y esto se debió a que su padre siguió la fe en Dios en dirección a su hijo. En el capítulo 7 vemos como Dios otorga la victoria sobre los madianitas por medio de Gedeón. Pero es contradictorio ver como este hombre que había libertado al pueblo y que había rechazado ser llamado rey del pueblo, desvió el corazón del pueblo de Dios a quien había proclamado. Vemos que al final de su vida, Gedeón hizo un efod con los zarcillos de oro del botín del pueblo, con el cual todo el pueblo se prostituyó (8:27). De entre los 70 hijos que tenía (pues tenía muchas mujeres), solo Jotam, sobrevivió a la matanza de uno de sus propios hijos, Abimelec. Se destruyeron mutuamente.

Podemos mencionar también el caso de Sansón. Al parecer no había aprendido nada del pasado, este hombre a quien Dios usaba, se casó con una filistea, después tomó a una mujer mas que era ramera, y amó a otra mujer mas, Dalila.

Qué fue pues lo que causó todo este desastre espiritual. El descuido de los padres fue que estaban tan ocupados tratando de poseer la tierra que se olvidaron de enseñar las verdades de Dios a sus hijos. Esto trajo ignorancia espiritual. Así que hay un fuerte llamado a nosotros como padres.  ¿De qué manera estamos transmitiendo las verdad de Dios a nuestros hijos? ¿Acaso no estaremos también nosotros tan ocupados tratando de poseer las bendiciones que Dios nos ha prometido? ¿Acaso estaremos viviendo de tal forma que nuestros hijos puedan ver reflejada en nuestras vidas la realidad de Dios? ¿Es acaso la responsabilidad solamente traerlos a la iglesia?

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Cada uno podemos evaluar cómo esta nuestra familia. Quizás usted y yo hemos pensado cuál es el patrimonio material que dejaremos a nuestros hijos. Hay que recordar que esto ya viene incluido en el paquete de Dios. Lo importante es pensar cuál es el patrimonio espiritual que estamos forjándonos como familia.

Por último quiero mencionar algunas cosas que necesitamos recordar en nuestra tarea de construir hogares cristianos fortalecidos:

• La palabra de Dios debe tener la prioridad en nuestras vidas. ¿Qué lugar ocupa la meditación de la Palabra de Dios en nuestro hogar? ¿Qué lugar ocupa la televisión? Niños ven 30-40 horas semanales de televisión. Los adolescentes tienen un promedio de 21 horas semanales. Cuál cree que es el promedio de los adultos.

• Como familias debemos vivir por la gracia de Dios. “No puedo””no tengo tiempo”.

• La transmisión de la fe requiere relación, no información. ¿Dónde están cuando sus hijos llegan de la escuela? ¿los propósitos que perseguimos como familia son conforme a la volunta de Dios?

Acerca Hernando González

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