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La guerra de las leyes internas

Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas

Romanos 7:14-25

INTRODUCCIÓN:

Por lo general pensamos que las guerras más difíciles son las que se ganan en un campo de batalla de las que ya tenemos conocimiento. Sin embargo, y según el pasaje que traemos hoy, las guerras más difíciles son las que se dan internamente. ¿Por qué una pareja termina en divorcio? Porque hubo una batalla interna donde todo fue insalvable. Las guerras externas no son comparadas con la guerra que se da en nuestro interior.

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Todos los días tenemos un campo de batalla donde se inicia un gran combate. Esta situación de guerra intestina es la que Pablo nos presenta en este pasaje. Usted no encontrará en la Biblia otro pasaje como este. Algunos “santos inmaculados” se halan los pelos cuando leen este pasaje y anteponen su juicio para decir que cuando Pablo escribió este pasaje no era cristiano.

Pero lo que nos va a presentar no es sino la radiografía de un creyente que se enfrenta a una lucha interna de sus miembros tocados por el pecado y la presencia del Señor por su Espíritu Santo que lo invita a vivir en la santidad del Señor. Es la invitación del pecado y la invitación del Espíritu.

Por otro lado, usted no encontrará en ninguna otra parte de las Escrituras tantas leyes concentradas en una sola persona como este pasaje. De allí el tema de hoy. Si bien es cierto que el presente texto nos causa una gran frustración, más lo sería si no aparece después el capítulo ocho. De esta manera, se hará necesario que tan pronto estudiemos este pasaje nos movamos para el próximo capítulo, porque el grito desesperado de este texto es: “!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”.

Conozcamos, pues, cuáles son estas leyes que batallan en nuestro ser interno. Abordemos este tema con mucha responsabilidad.

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I. HAY UNA GUERRA ENTRE LA LEY REVELADA Y LA CODICIA DESPERTADA

a. La ley que le pone nombre al pecado vers. 7.

Pablo ha usado en estos últimos capítulos esta pregunta que siempre tendrá como respuesta un enfático no (6:1, 15). Aunque ya hemos hablado que ningún hombre podrá justificarse por la ley, esto no significa que ella en sí sea mala. Debemos recordar que la ley fue el tutor que condujo a Cristo.

Ella, al igual que los salmos y los profetas conformaban los escritos sagrados. Pero una de las cosas que la ley ha hecho es ponerle nombre al pecado y al hacer esto despertó el deseo de pecar. Pablo dice que hubo un tiempo en su vida que él vivía sin ley. Solo tenemos que imaginarnos lo que significa vivir en una condición sin ley.

¿Se imagina una ciudad o país sin ley? Un hombre que vive sin la dirección de la ley de Dios en su vida el resultado será un completo caos; un desorden total. Pablo llegó a conocer la profundidad de su condición pecaminosa incluyendo sus pensamientos, motivos y acciones a través de la ley. Cuando la ley dice: “No matarás” y alguien rompe ese mandamiento, el asesino se convierte en terror en sí mismo.

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b. La codicia despertada vers. 7b, 8.

La ley hizo el trabajo de despertar en el hombre toda codicia. Ella se encargó despertar en el corazón un deseo desordenado que después se conocerá como la concupiscencia. Entonces, los mandamientos que prohibían hacer algo malo, despertaron al corazón para inclinarlo a hacer lo malo. De esta manera la ley que es la norma perfecta reveló el estado de maldad del corazón llegando a probar que sus pecados eran más numerosos de lo que había pensado antes.

Es como si alguien pisara una cueva donde hay animales dormidos, pronto saldrán por todas partes. Cuando la codicia es despertada, el mandamiento que originalmente fue dado para la vida, llega a ser para muerte. En todo esto encontramos algo que pareciera una contradicción.

Cuando la ley introdujo el mandamiento: “No codiciarás” (Éxodo 20:17; Deuteronomio 5:21) hizo que la persona codiciara aún más. Cuando Pablo abre su corazón sobre esta situación muy particular en su vida, conocía el principio del pecado y a la codicia como una de sus manifestaciones específicas. ¿Y cómo lo obtuvo? Pues ese conocimiento vino gracias al mandamiento que introdujo la ley.

II. HAY UNA GUERRA ENTRE LA LEY DE LA MENTE Y LA LEY DEL PECADO

a. La ley de la mente vers. 23.

Cuando Pablo nos revela estas leyes que combaten en nuestro ser uno no puede imaginarse sino los estragos que ha hecho el pecado en nuestras vidas. Aunque ya somos hijos de Dios y tenemos por él asegurada la salvación; aunque ya ante los ojos de Dios hemos sido lavados, santificados y justificados (1 Corintios 6:11) seguimos todavía en este cuerpo de muerte y mientras tanto la lucha es continua.

En toda esta operación de “corazón abierto” a la que Pablo se expone, nos deja ver que entre esa lucha interna de las leyes que hacen guerra en su interior, aparece aquella que ataca directamente sus miembros rebelándose contra la ley de su mente.

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Debo pensar que la “ley de la mente” a la que Pablo hace referencia es la que más trabaja en él, junto con “la ley de Dios”, para sobre ponerse y presentar resistencia a lo que también él va a llamar “la ley del pecado” que mora de igual manera en él. La ley de la mente es la que está controlada por el Espíritu Santo. Va a ser el mismo Pablo que nos dirá que nosotros tenemos la mente de Cristo. Por lo tanto, será esta ley la que al final triunfará en esta batalla porque ella es controlada por el Espíritu.

b. La ley del pecado vers. 23b.

La ley del pecado a la que Pablo va hacer tantas referencias es como el centro de su batalla. En efecto, es ese pecado interno que se mantiene en una constante campaña militar contra la nueva naturaleza, tratando de obtener la victoria y el control.

Pablo hace referencia a él desde el mismo comienzo del capítulo diciendo que el conocimiento del pecado vino por la ley (vers. 7); que fue el pecado el que produjo en él toda codicia (vers. 8); que fue el pecado quien lo engañó a través del mandamiento (vers. 11); que el pecado para mostrarse como es trajo la muerte por lo que es bueno (vers. 13); que aun cuando él es espiritual, de igual manera está vendido al pecado, como si todavía fuera su esclavo (vers. 14); que las cosas que hace, las malas, lo hace por el pecado que mora en él (verss. 17, 20).

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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