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El fruto de justicia se siembra en paz

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Deseo iniciar el servicio de hoy con un chiste.  Resulta ser que un hombre estaba sentado en el butacón de su casa leyendo el periódico. Su esposa quien era muy celosa entra y le pega en la cabeza con una sartén. Él dijo: “!Ay!, ¿qué fue eso?” Ella le contesto: “eso fue por el papelito que encontré en tu bolsillo que decía: “Victoria Altiva”. A lo que él respondió: “no seas ridícula mujer, deja ya los celos.  Victoria Altiva es el nombre del caballo que le aposte la semana pasada.”

Su esposa muy apenada respondió: “perdóname mi amor; lo siento.” Una semana después, el hombre llega a su casa, se sienta en el butacón y comienza a leer el periódico.  Su esposa entra y nuevamente le pega con la sartén por la cabeza. El esposo entonces dijo: “¡Ay!, ¿qué fue eso?” A lo que su esposa le contesto: “tu caballo te llamo por teléfono hace una hora”.  Si que tenía razón la esposa, ¿verdad?  Se merecía no uno, sino dos buenos sartenazos.

¿Por qué he deseado iniciar el servicio de hoy con este chiste?  Lo hice porque si se acuerdan, durante la predicación de la semana pasada les explique que el celo y/o la envidia son sentimientos muy fuertes capaces de destruir un matrimonio, un hogar, y la vida de una persona.  Y desdichadamente, estos sentimientos existen en el corazón de muchos.  Así que hoy exploraremos los pasos a seguir para vencer estos sentimientos, y conducir una vida bendecida en paz.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Santiago 3:13-18¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. 16 Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. 17 Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. 18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve resumen de historia.

Lo primero que tenemos que saber es que la epístola de Santiago estaba dirigida a las 12 tribus que habían sido esparcidas. Esto es algo que está muy claro en su saludo inicial, a los cristianos hebreos que vivían fuera de Palestina, como encontramos en Santiago 1:1 cuando leemos: “… Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud…..” El problema que existía es que estos creyentes judíos estaban siendo acosados ​​por problemas que probaban su fe.

Entre uno de estos problemas estaba el hecho de que eran cristianos, lo que significaba que serían rechazados por los gentiles. Por otro lado, eran cristianos judíos, lo que significaba que serían rechazados por su propio pueblo. Otro problema que también enfrentaban es que la epístola refleja que la mayoría de estos creyentes eran pobres, y que algunos estaban siendo oprimidos por los ricos.

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Esto es algo que queda bien reflejado en Santiago 2:6-7 cuando leemos: “…Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? 7¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?..”  Y Santiago estaba preocupado de que estaban sucumbiendo a la impaciencia, a la amargura, al materialismo, a la desunión, y a la apatía espiritual.

Lo segundo que debemos saber es que el propósito de esta epístola no es doctrinal o apologético, sino práctico, ya que Santiago buscaba desafiar a los creyentes a examinar la calidad de su vida cotidiana en términos de actitudes y acciones.

Una fe auténtica produce cambios reales en la conducta de una persona y carácter, y la ausencia del cambio es un síntoma de una fe muerta. Santiago es un manual eminentemente práctico en la manifestación exterior de la verdadera fe en la vida cotidiana. Se explora la conducta cristiana desde varias perspectivas y existen cambios de temas abruptos.

La fe persevera durante las tribulaciones, resiste la tentación, responde a la palabra de Dios, vence a los prejuicios, produce buenas obras, controla la lengua, manifiesta la sabiduría, se somete a Dios antes que a los placeres del mundo, depende de Dios antes que a la riqueza, y espera pacientemente el regreso del Señor.  La fe bíblica se mueve de asentimiento a acciones, y de las palabras a obras [1].

Sé que algunos de ustedes ya se deben estar preguntando, ¿por qué tenemos que saber estas cosas? La razón por la que  tenemos que saber estas cosas es porque, como hemos visto, a pesar de que han pasado cientos de años, los problemas que la gente de ese entonces enfrentaron no son muy diferentes a los problemas que nosotros enfrentamos hoy.

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Digo esto porque todos nosotros somos constantemente desafiados por las situaciones y las tentaciones que se nos presentan a diario, y por las pruebas y tribulaciones que el mundo produce. Por lo tanto mantenimiento estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Ahora debemos preguntarnos: ¿qué nos están dando a entender estos primeros versículos? Estos primeros versículos nos dan a entender tres cosas de suma importancia.

Número uno; nos da entender que el primer paso a seguir para superar esos sentimientos tan fuertes (celos y envidia) que en toda ocasión nos causan dolor, y robaran nuestra paz, es actuar y conducir nuestra vida según nuestra fe.  Fíjense bien como aquí nos dice: “…Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre…” En otras palabras, nuestra vida y conducta siempre debe ser para honrar al Señor.

Esto es algo que queda mejor expresado por el apóstol Pablo en Romanos 14:7-8 cuando leemos: “…Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos…” Así que si decimos que le pertenecemos al Señor, entonces tenemos que actuar de manera que lo refleje.

Ahora bien, no les estoy hablando de actuar como lo hace un actor de cine, es decir actuar o jugar un papel por unas horas.  Digo esto porque la realidad del caso es que existen muchos supuestos cristianos, y fíjense bien que dije supuestos, que actúan como más santos que el santísimo, pero que cuando examinamos sus frutos bajo el microscopio, (la palabra de Dios), pronto descubrimos que son frutos venenosos.  Así que les estoy hablando de actuar desde el punto de una fe genuina, y no una fe fingida.

¿Por qué hago esta distinción?  Le he hecho esta distinción porque la fe genuina vence en todo momento; sin embargo, la fe fingida es solo una pérdida de tiempo.  Cuando actuamos y nos comportamos según nuestra fe, entonces no le facilitamos la entrada al enemigo en nuestra vida.

Número dos; nos da a entender que tenemos que reconocer nuestras faltas.  Fíjense bien que aquí nos dice: “…Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad…” Una gran realidad es que a la mayoría de nosotros, sino a todos, se nos dificulta reconocer nuestras faltas. A la mayoría de nosotros se nos hace mucho más fácil reconocer la falta en otros que las nuestras.

Y para que entiendan bien el punto que deseo hacerles, les voy a leer de la “Traducción actual de la Biblia” lo que el Señor nos dice en Lucas 6:41-42 cuando leemos: “…¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo de alguien hay una basurita, y no te dieras cuenta de que en el tuyo hay una rama. 42¿Cómo te atreves a decirle al otro: “Déjame sacarte la basurita que tienes en el ojo”, si en el tuyo tienes una rama? ¡Hipócrita! Saca primero la rama que tienes en tu ojo, y así podrás ver bien para sacar la basurita que está en el ojo del otro…”  Como podemos observar, lo que Santiago estaba haciendo aquí cuando dijo: “…ni mintáis contra la verdad…”, es que él estaba reiterando lo que el Señor había enseñado.  ¿Cuál es la verdad?

La verdad es que todos nosotros, sin excepción de ninguno, tarde o temprano seremos atacados por los espíritus de celos, y/o envidia (sinónimo de celo).  Y quizás algunos digan que eso no es posible porque no son personas celosas; pero si piensas así, te invito a que te mires en el espejo.

Digo esto porque el celo es mucho más que llegar a pensar que tu pareja quizás te engañe.  El celo es: “1. Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo. 2. Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o persona. 3. Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda, llegue a ser alcanzado por otro [2].”

Así que por definición podemos claramente ver que el celo no se limita a la sospecha de que el conyugue o pareja le está engañando; algo que en casi toda ocasión es debido a un acto de infidelidad, o porque la persona no actúa según una fe genuina.  Pero si les puedo decir que el celo es un sentimiento que destruye un matrimonio, una familia, y a la misma persona.  ¿Por qué digo esto?

Acerca Jose Hernandez

Obispo José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Obispo Hernández y su esposa nacieron en Cuba, y son ciudadanos de los Estados Unidos de América. El Obispo Hernández y su esposa conocieron a Jesucristo en el año 1994, se integraron a una iglesia cristiana, y fueron bautizados. En el año 1999 fundaron el ministerio El Nuevo Pacto e iniciaron la obra del Señor.

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