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Que nada quebrante la unanimidad

Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas

Romanos 15:1-14

INTRODUCCIÓN:

Desde que Pablo comenzó la parte práctica de esta carta no ha cesado de hablar de la unidad de la iglesia. Si recordamos bien este fue el énfasis de Romanos 12. La demanda de no conformarnos a este mundo, sino transformarnos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, de no tener más alto concepto de sí que el que debemos tener, nos introdujo en la necesidad de saber cuán importante es cada uno en el cuerpo, de allí el estudio de los dones, el amor fraternal y la deuda que tenemos con él. Nos ha dicho cuán importante es despertarnos del sueño que no nos deja avanzar.

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La semana pasada nos habló de la existencia de dos hermanos, los débiles y los fuertes y que aquí lo continua como para asegurarse que ambos pertenecen al cuerpo y que deben ser amados y cuidados mutuamente. Y ahora, como si fuera al gran final de su carta, seguramente persuadido que la unidad de la iglesia siempre está amenazada, no tanto por agentes externos sino de ella misma, ahora nos exhorta a que mantengamos la unanimidad en el cuerpo.

Si bien es cierto que ha hecho un gran trabajo en mostrarnos las diferencias que existen en el cuerpo, más lo ha sido el hecho de mantener la unidad por encima de mis posiciones personales. El texto que sirve de base para este mensaje es este: “para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (vers. 6).

El fin de nuestra unanimidad no es complacer a alguien en la iglesia sino glorificar el Señor de la iglesia. Es, pues, nuestro más grande deber mantener esta unanimidad en la iglesia. Veamos cómo hacerlo.

I. AGRADANDO A LOS DEMÁS MÁS QUE A NOSOTROS MISMOS

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1. Agradando a los demás edificamos al cuerpo (vers. 2).

Pablo comienza este capítulo como parte de la secuencia del tema anterior. Su consejo final es que aquellos que somos fuertes que nos comportemos a la altura de los acontecimientos y que soportemos a los que son más débiles, para esto ha sugerido uno de los mandamientos que no nos gusta mucho, así ha dicho: “y no agradarnos a nosotros mismos”.

El ser humano después que cayó de su estado de gracia dejó de vivir para otros y adoptó una naturaleza egoísta cuyo fin es el complacerse a sí mismo. Y lamentablemente ese estado pareciera no cambiar ni siquiera al venir a Cristo.

La demanda de este texto es para que el cristiano no sea egocéntrico, sino que pueda interesarse en el bienestar espiritual de otros. En el mundo lo que más prevalece es la tendencia de querer gozar de sus prerrogativas. La filosofía es que nadie nos puede obligar a hacer lo que no queremos porque tenemos nuestros derechos .

La edificación de mi hermano vale más que gozar de mis derechos.

Agradar a mi prójimo es la demanda mayor después de agradar a mi Dios. Este mandamiento se nos olvida. Dejemos de agradarnos a nosotros mismos.

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2. Consideremos en el ejemplo de Cristo (vers. 3).

Cristo mismo nos presentó su mejor ejemplo respecto de agradarse a sí mismo. ¿Sabía que la única persona que podía insistir en sus derechos era Cristo? Sin embargo no insistió con su Padre en sus derechos por ser parte de la Trinidad.

Bien pudo Cristo quejarse con el Padre por la decisión que había tomado de escogerlo para ser el salvador de una humanidad que no lo merecía. Pero al contrario, Cristo se dio a sí mismo y se hizo hombre para morir en una cruz.

Cristo hizo tanto por nosotros porque consideró que nuestro bienestar espiritual valía más que Sus derechos. El pasaje más grande de las Escrituras lo encontramos en Filipenses 2:5–8. Sobre sus hombros llevó la ignominia de todos los hombres por mandato expreso del Padre.

Por amor a nosotros aceptó el castigo de la ira del Padre, tanto que en la cruz se oyó su desgarrador clamor de sentirse abandonado. Cada vez que queramos agradarnos a nosotros mismos y con ello quebrantar la unidad y armonía del cuerpo, pensemos en el más grande ejemplo de entrega y despojarse de toda la gloria para honrar al Padre y salvar al perdido pecador. Cristo agradó al Padre.

II. MANTENIENDO UN MISMO SENTIR LOS UNOS CON LOS OTROS

1. Un mismo sentir según la visión de Cristo (vers. 5).

Que interesante que este texto comience hablándonos del Dios de la paciencia y de la consolación. Cuántas veces el Señor usa su paciencia para con nosotros. Así que Pablo nos trae este ejemplo para que experimentemos lo mismo porque contamos con esta gracia divina con la que podemos lograr ese mismo sentir que anhelamos en el cuerpo de Cristo.

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Así que el Dios que nos da su paciencia y su ánimo nos dotará con sus recursos espirituales para que lleguemos a ser de un mismo sentir según de acuerdo a lo que el mismo Cristo sintió por nosotros.

¿Ha pensado es difícil lograr la unanimidad dentro del cuerpo por lo fuerte de su carácter?

Pero la verdad es que si en mi mora el carácter de Cristo tendré mejores razones para llegar a pensar, actuar y ser como Cristo y el resultado será que seamos todos de un mismo sentir también. Me agrada que en este texto Pablo ponga a Cristo como el centro de la unidad para todo en la iglesia.

Cristo quiso hacer siempre la voluntad del Padre. Ciertamente este es el secreto de mantenernos también en el mismo sentir unos a otros, haciendo la voluntad de Dios y no la nuestra.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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