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El padre de toda consolacion

Predicas Cristianas

2 Corintios 1:3-7

INTRODUCCIÓN:

El mundo pareciera tener más razones para vivir desconsolado que para vivir contento. Cuántas pérdidas materiales y vidas se han cobrado estos últimos huracanes y terremotos. Qué decir del atentado de esta semana en las Vegas, California que dejó unos 59 muertos y más de 500 heridos. Y qué del sufrimiento en general del día a día.

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Piense en sus luchas cotidianas;  las que tienen que ver los pecados, el saber que hay familias nuestras que no son salvas,  las cuentas que no se pueden pagar, lo  difícil que se hace la escuela y el trabajo. Qué decir de la salud que nos está fallando cada vez que nos ponemos más viejos.

Cuánto desánimo viene por nuestros seres que están en condiciones de enorme estrechez económica o en constante peligro de muerte, y la lista seguiría muy larga. El desánimo es un ladrón. Te roba tu vitalidad, tu celo, tu alegría y  tu paz. Y la mala noticia es que si ese  desaliento permanece largo tiempo contigo, contagiarás muy  pronto a otros y ellos  se unirán a ti. Cuánto  desánimo se da en  la familia al ver a una esposa desanimada o a un esposo desanimado.

¿Sabe usted cuánto daño le hace a los hijos el desánimo?  Los sinónimos del desánimo  son la fatiga, desesperación, autocompasión, depresión, duda y amargura. El desaliento llega hasta cobrar sus víctimas,  pues no será el primero que piensa una y otra vez en atentar con su propia vida frente a una insoportable depresión.

Bueno mis amados frente a este cuadro desolador lo que necesitamos  es esperanza y paz y el conocimiento de que el Señor está totalmente involucrado con lo que padecemos; que no le es indiferente nuestra dolor, nuestra pena y nuestras desgracias.  Nada nos produce mayor confianza que saber que nuestro Dios es el Padre de toda consolación. Ese será nuestro tema hoy.

I. LA CONSOLACIÓN TIENE UN ORIGEN DIVINO

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a. El Padre de misericordia (vers. 3).

Esto significa que él es el autor de la misericordia y fuera de él no existe esta palabra. En griego la palabra misericordia es “oiktirmos”. Significa compasión, piedad, pesar y hasta sentir dolor por la pena ajena. ¿Y no es esto lo que siente el corazón de Dios hacia cada ser humano?

Cuando Dios creo al hombre y este se degeneró por su pecado, dice la Biblia que a Dios le dolió en su corazón haberlo creado. Pero por otro lado, y en virtud del sufrimiento que el hombre continuamente tiene a causa del pecado, también le duele su corazón. En la miseria del hombre, Dios le abre su corazón y lo primero que encuentra es su misericordia.

Él no es un Dios que desea la muerte de sus hijos.  La expresión más grande de su misericordia se ha visto en las palabras del Salmo 86:5 que dicen:  ” Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan“. El mundo podrá cuestionar a Dios por la forma cómo la maldad pareciera ganarle terreno a todo lo bueno, pero la verdad es la misma: Dios es el padre de misericordia.

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b. Dios de toda consolación (vers. 3b).

Quién no necesita una palabra de consuelo en esta vida. Las enfermedades, los infortunios, los desastres naturales, las carencias afectivas vista en la soledad, nos hacen seres necesitados de consuelo. Hay gente que pide a gritos un abrazo, una palabra de ánimo, una conversación para abrir su corazón y exponer la pena de su alma. Por todas estas razones es que este texto nos revela esta verdad maravillosa que contamos con el “Dios de toda consolación”.

Dígame usted qué dios de este mundo podrá consolar un corazón que se derrama en llanto y en lágrimas con una gran impotencia frente a su desgracia, ¡ninguno! Pero los que hemos conocido al “Padre de nuestro Señor Jesucristo” sabemos que él es el único Dios, por ser una persona con sentimientos, que puede darnos consuelo. Una “consolación” que va más allá que un mero sentimiento.

La palabra “consolación” significa literalmente “con fuerza”. De esta manera lo que sabemos entonces es que Dios viene a nuestra vida para darnos fuerzas en todas nuestras necesidades. No es un ángel, ni una fuerza cósmica, una píldora o una psicoterapia.  Es Dios a través de su Espíritu Santo, el Consolador.

II. LA CONSOLACIÓN ES PARA TODOS LOS MOMENTOS

a. Consolarnos en cada tribulación (vers. 4).

Cuánto fue su última tribulación. ¿Está pasando por alguna de ella? Nadie escapa a las tribulaciones de la vida. Ellas nos vienen en distintos paquetes y debemos estar preparados para cuando esto ocurra. Las aflicciones vienen a través de enfermedades, dificultades financieras, pérdida de un ser querido, un futuro inseguro, un accidente de auto.

Pero también, y esto es algo muy importante, la aflicción se produce en el corazón, en ese lugar donde nos sentimos frustrados, confundidos y heridos. ¿Por qué tenemos aflicciones? Porque vivimos en un mundo caído. Así lo dijo Jesús: “En el mundo tendréis aflicción…”. Y también Santiago, su medio hermano, dijo esto: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…”(Santiago 1:2).

El dolor es una realidad permanente. Sufren los niños, los jóvenes y los adultos. Sufren los ricos y con más calamidad los pobres. Nadie escapa al dolor de este mundo. Pero la verdad que encontramos en el asunto de la tribulación es que el creyente crece y se fortalece a través de ellas.

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b. Consolados por Dios (vers. 4c).

Esto habla muy claro de dónde viene nuestra consolación. Hay muchos consoladores modernos. Algunos que sufren de trastornos mentales tienen sus consoladores en algún terapeuta y en una medicina. Los que padecen de enfermedades crónicas tienen su consolador en alguna medicina que le cambia su dolor.

Y aunque la terapia o la medicina que da un médico es buena y necesaria, esta consolación no es la misma que da un médico a su paciente. No es la misma consolación que un amigo trae a otro amigo. Es la consolación de un Padre que engendró a un hijo a través de Cristo. Es una consolación personal porque es propicia para esa particular ocasión.

La “consolación con la que nosotros somos consolados” es aquella donde Dios adapta su consolación a lo que estoy ahora viviendo, porque él sabe que yo soy su hijo, conoce mi debilidad, conoce lo que me puede sacar de donde estoy. No hay pérdida que su presencia no pueda reemplazar. No hay vacío que su suficiencia no pueda llenar. No hay debilidad que su gracia no pueda fortalecer. Y sobre todo, no hay dolor que su misericordia no pueda aliviar. Su consolación es única.

III. LA CONSOLACIÓN TIENE UN GRAN PROPÓSITO

a. Para consolar también a otros (vers. 4b).

Todo consolado se convierte en consolador. Esto es lo más importante de nuestras pruebas o tribulaciones. No solo somos refinados a través de ellas, sino que al final nos convertimos en ministros de consolación.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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Un comentario

  1. Jose Manuel maturana Diaz

    Un tema necesario en nuestro tiempo. Leerlo a sido de gran bendición para mi vida. Dios bendiga su ministerio.

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