Las aguas de la restauración

Si te has alejado de Dios y sientes tu necesidad de renovar tu fe, entonces siéntate a solas con él. Encuentra un lugar privado para estar con Dios. No necesitas un evento dramático, como el estar en vientre de un pez, solo necesitas estar solo con Dios. Atrévase a estar a solas con Dios.

II. LAS AGUAS DE LA RESTAURACIÓN TE CONDUCEN A LA COMUNIÓN CON LA PALABRA

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a. La palabra como esperanza (vers. 3).

Son las experiencias dolorosas en la vida, muchas de ellas relacionadas con nuestra propia desobediencia, las que nos conducen a la palabra de Dios como nuestra gran esperanza. Jonás es un ejemplo de esto. Un estudio de esta oración nos revela la forma cómo el profeta cita los salmos que tanto conocía. Por cierto, que no lo hace desde una escuela dominical o un púlpito. Lo hace desde la más grande angustia de su alma.

Es posible que no tuvo que decir al final de cada cita cuál era el capítulo o versículo, pero dejó que fuera la palabra de Dios la que en esos momentos de su agitada vida impregnara sus pensamientos. Cuando él dice: «Tus ondas me azotaron» (2:3), estaba pensando en las palabras del Salmo 42:7: “Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”.

Cuando él dice: «He sido desterrado» (2:4), estaba pensando en el Salmo 31:22: “Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba”. La palabra de Dios nunca deja de ser y es en esos momentos cuando se encarna en nuestros corazones. El creyente genuino sabe que es la bendita palabra del cielo lo que le conducirá en la tierra y en los momentos más difíciles ella se hace presente para nuestro consuelo.

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b. La palabra como refugio (vers. 5).

Cuando dice: «Las aguas me rodearon hasta el alma…”, a su mente vino lo que dijo el salmista: «Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma” (Sal. 69:1). Cuando dice: Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová…”, se acordó de las palabras del Salmo 147:3: “El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas”. Cuando él dijo: “Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo” (2:7), a su mente vino el Salmo 18:6: “En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos”.

Cuando él dice: “Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan” (2:8), estaba pensando en el Salmo 31:6: «Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; mas yo en Jehová he esperado”. Cuando dice la “salvación viene del Señor” (2:9), tuvo que venir a su mente lo que nos decía el Salmo 3:8: “La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición”. Ante todo, esto, surge esta pregunta, ¿por qué la Palabra de Dios era tan crítica para la recuperación espiritual de Jonás?

c. La palabra como purificadora (vers. 9a).

La desobediencia pareciera tener la misión de endurecer el corazón del creyente. El profeta Jonás experimentó esto. Sin embargo, y en medio del mar agitado de su vida, cuando más sentía la cercanía a la muerte, hizo de la palabra de Dios su más segura provisión y su más grande instrumento de purificación.

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Ahora dice algo que debe ser el resultado de nuestro real arrepentimiento frente a esos estados donde sentimos que le hemos fallado al Señor: “Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios…”. El acto de contrición debe llevarnos a un acto de adoración.

Hay muchos sacrificios que pueden ser ofrecidos en el altar del Señor, pero ninguno será más grande que aquel que se rinde al Señor y se postra en adoración a él. De esta manera la Palabra de Dios siempre nos guiará de regreso a Él si la seguimos. Tal vez deberíamos mirar la Palabra de Dios, como un hombre perdido en el bosque vería su brújula, y poder decir: «Lo seguí y salí bien». La Biblia es una brújula que ha guiado a millones al cielo.

III. LAS AGUAS DE LA RESTAURACIÓN TE DESPIERTAN A LA CONFESIÓN

a. Reconozco tu mano sobre mi condición (verss. 2:3-4).

Él dijo: «Tú me arrojaste a las profundidades» y «he sido desterrado de tu vista». Observe las palabras «tu» y «su». Jonás hace la conexión entre su desobediencia y la corrección de Dios. En este reconocimiento de su condición enaltece a Dios en su estado insuperable como Dios fiel e intachable.

Pero en el mismo reconocimiento admite su propia culpabilidad. Y es que cuando somos lanzados en el mar de nuestra restauración, y vemos que las aguas que pasan sobre todo nuestro ser hasta sentir que nos estamos ahogándonos, somos conducidos a confesar lo que dijo el ladrón en la cruz: “Nosotros merecemos lo que estamos sufrimiento, pero este ningún mal ha hecho”. Lo que Dios hace para corregirnos siempre será lo mejor. Nuestra condición lo amerita.

b. Giro mis ojos hacia Ti (vers. 2:4).

Jonás agregó, «pero miraré una vez más hacia Tu santo templo». Aquí hay una buena definición de retroceso: quitar los ojos de Dios. Cuando Jonás salió para Tarsis en plena desobediencia le dio la espalda a Dios. Quitó su mirada de él y se fue en sentido opuesto y contrario para no hacer la voluntad de Dios.

Este texto es una de las mejores definiciones del arrepentimiento, que consiste en volver la vista hacia Dios. Ningún asunto es más triste en la vida que darle la espalda a nuestro Dios. Muchas veces pensamos que viviendo lejos de él y haciendo lo que nos parezca será la mejor vida.

Pero cuanto engaño hay en todo esto. Esto es el ofrecimiento del mundo, del pecado, de la carne. Sin embargo, mientras más lejos nos ponemos de Dios, más fuerte será sentir su ausencia. Lo que Jonás oró debe ser la oración de todo genuino cristiano.

c. Te agradezco por Tu compasión (vers. 2:6).

«Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío«. Es cierto que esta oración pareciera sugerir que ya Jonás está libre, que ya no está en peligro. Pero más bien es reflejo de su fe. Es un acto mediante el cual tiene su confianza que el Señor lo sacará de aquella condición. Oh, que bendita promesa y seguridad es saber que, aunque andemos por el valle de sobre y de muerte, no temeremos porque Dios estará con nosotros.  Jonás sabía que si Dios lo había dejado con vida era por algún propósito.

d. Renuevo mi compromiso contigo (vers. 2:9).

Él prometió, «cumpliré mis votos». El arrepentimiento sin obediencia resulta en fracaso. El verdadero arrepentimiento requiere cambios. Un creyente en una iglesia siempre pasaba al frente después del llamado del pastor y oraba, diciendo: «Señor, quita las telarañas de mi vida». Como eso lo hacía cada vez que venía al frente. Una de esas veces que decía lo mismo su pastor también oró, diciendo: «¡Y te ruego también Señor mates a las arañas!».  Debemos cumplir con nuestros votos.

CONCLUSIÓN  

Jonás es un personaje único en la Biblia y muchos de nosotros tenemos que identificarnos con él en muchas de sus actitudes. Él pensaba que solo Israel podía ser salvo. Piense las veces donde me considero como el único podrá salvarse.

Jonás desobedeció a Dios con una facilidad asombrosa. Se da cuenta con qué frecuencia y rapidez le desobedecemos a Dios. Jonás dormía mientras el mar estaba agitado y los marinos trataban de calmar la tempestad.

Cuan indiferentes somos mientras vemos que otros perecen tan cerca de nosotros.  Jonás es un profeta quejón y malcriado. Reconocemos que nosotros actuamos de la misma forma cuando las cosas no se hacen como pensamos. Pero a pesar de todas estas actitudes negativas del profeta, él ha sido el hombre que nos ha mostrado la importancia que tiene para el hijo de Dios transitar por las aguas de la restauración y salir de ellas victorioso.

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

Central de Sermones… Predicaciones Cristianas

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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8 comentarios

  1. Danilo Valdés Vargas

    Muchas gracias por su enseñanza en la comprensión de la Palabra de Dios…desde el interior de la Cárcel Colina II de Santiago de Chile, le saluda el hermano Danilo…Bendiciones

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    Me encanto el sermon de Salomón, (Sabiduría), eso es lo que le pido a mi Señor, para poder predicar Su palabra, que Su Santo Espíritu me guié y poder hacer su voluntad!!

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      Bendiciones mi hermana Romana Castillo. Es el deseo de quien esto escribe poder llegar a tantas vidas como podamos. Gracias por sus finos comentarios

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    Muchas gracias Dios Los BENDIGA por esa Hermosa enseñanza, desde Bogotá Colombia bendiciónes

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    Dios le bendiga grandemente noble siervo del Señor. Muy edificante esa palabra de la parte de Dios.
    Soy brasileño y Pastor en Puebla- México

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