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La única gloria del creyente

Predicas Cristianas

Gálatas 6:11-17

INTRODUCCIÓN:

Casi todos los hombres tienen algo de qué gloriarse. Algunos son parecidos a los pájaros: cada uno tiene su propia nota para cantar. Por lo general la gloria de los hombres tiene mucho que ver con la alimentación de su ego.

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Hay músicos que creen que son incomparables y exhiben con frecuencia sus instrumentos y dejan oír sus voces como si más nadie lo hiciera mejor a como ellos lo hacen. Algunos se glorían en sus fuerzas físicas. La exhibición de sus cuerpos los hace alardear delante de aquellos que no pueden mostrar nada. Para otros, su gloria son sus logros académicos o sus logros financieros.

Lo mismo se da en los deportes. Observe como se gloría la gente de sus equipos favoritos. Y el gloriase llega hasta en el ámbito religioso. No son pocos los pastores que se glorían de tener una gran iglesia, una gran obra misionera, unas grandes ofrendas o una gran predicación.

El asunto, mis amados, es que cuando se vive para estas glorias terrenales, estamos muy mal pues esta es una gloria efímera y pasajera. Sin embargo, el hombre sabio, el que aprecia los valores eternos buscará la gloria de arriba, la que no perecerá jamás. Pablo tuvo por lo menos tres razones para gloriarse en sí mismo.

Por un lado, él tuvo la oportunidad de gloriarse en sus méritos personales y académicos. Nadie lo superó en su tiempo. Su estirpe, su abolengo y su prestigio como fariseo, eran los grandes trofeos con los que él pudo gloriarse. En contraste a lo anterior, Pablo pudo gloriarse en los sufrimientos que tuvo por ser un apóstol de Cristo.

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Nadie hizo tanto por la obra del Señor como Pablo. Sus sufrimientos, incluyendo muchos azotes, heridas y cárceles, fueron en extremo. Las iglesias y los discípulos alcanzados se cuentan por cientos. Y casi la mitad del Nuevo Testamento fue escrito por él. Pablo pudo gloriarse de sus grandes experiencias como aquella de haber estado en el tercer cielo.

Sin embargo, ninguna de esas cosas fue causa de una gloria personal. Pablo, al contrario de todo eso, se glorió en la cruz de Jesús. Y esto también es de admiración. Por qué no se glorió en su excelso nacimiento, en el poder de la resurrección o en lo majestuoso de su ascensión. No, Pablo decidió gloriarse en la cruz de Cristo: símbolo de la más repugnante vergüenza y la más ignominiosa humillación. La cruz, es pues, la única gloria del creyente.

I. PORQUE LA CRUZ ES LO OPUESTO AL PLACER DE LA CARNE

a. El placer de la carne quiere evitar la cruz (vers. 12).

Pablo llega a esta parte final combatiendo lo que fue toda una constante en los cinco capítulos anteriores. Su contundente manera de abordar el tema de los judaizantes de llevar de regreso a los incautos hermanos de galacia, es magistral. Y ahora como si se tratara de dar el mayor énfasis a su escrito, ha dicho: “Mirad con cuan grandes letras os escribo”.

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Algunos han sugerido que la manera como Pablo termina la carta revela que ya estaba viejo y hasta enfermo de los ojos, pero a juzgar por todo lo que ha dicho, más bien esas grandes letras tienen que ver con un énfasis especial, quien después de haber puesto al descubierto a los falsos hermanos, desea que ellos vean hasta dónde les ha llevado el placer de la carne en contraste con el del Espíritu.

Observemos el énfasis con el que Pablo les habla (vers. 12). El deseo de la carne siempre es el mismo: alejar al creyente de la cruz. El llamado de la cruz implica sacrificio, entrega, pasión, persecución… y son pocos los que quieren pagar este precio. El deseo de la carne no busca esto.

b. La gloria de la carne es opuesta a la gloria de la cruz (vers. 13).

Observemos la ironía de este texto. Pablo había descubierto que la gente que estaba obligando a los creyentes a circuncidarse, y con esto regresar a los viejos rudimentos de la ley, ninguno de ellos guardaba la ley. Esto es uno de los asuntos más contradictorios de este texto, pero es la verdad que corre por las Escrituras.

La carne busca siempre gloriarse de lo que se hace. Su afán es distorsionar el mensaje de la cruz. Observe que quienes viven en la carne no es gente ajena al evangelio. Pablo está hablando a creyentes que habían perdido la visión de la cruz (lo que trae el cambio interno, el del Espíritu) para mantener la tradición de la ley a pesar de haber sido tan ampliamente explicada y refutada por Pablo.

La gloria de la carne apunta a la gratificación. El deseo de la carne será siempre impresionar a los demás. Cuando Pablo presenta su gran tema de gloriarse solo en la cruz de Cristo, le da un duro golpe a los que buscan su propia gloria a través de los deseos de su propia carne. La búsqueda del deseo de la carne es el placer al extremo mientras que la gloria de la cruz apunta al sacrificio de esto.

c. La cruz de nuestro Señor Jesucristo (vers. 14b).

Jesús pudo rehusar ir a la cruz la noche que oró tres veces en el Getsemaní y de esta manera complacer al deseo de no morir. Pero nada de esto hizo. Él, desde el principio sabía que había una cruz donde un día su cuerpo santo sería colgado. Él fue carpintero y en no pocas ocasiones vio que alguno de los árboles que cortaba servirían para su ejecución.

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La cruz era la muerte más temida. La cruz representaba todo lo vergonzoso, lo más vil y el mayor de los escándalos. Dios escogió para su Hijo la muerte más cruel, vergonzosa e infame que se conocía en ese momento. La cruz era el símbolo de extremo dolor. Y es de esa cruz de la que Pablo ahora nos habla: la cruz de Cristo.

La única que puede salvarnos de nuestros pecados. Esto es lo que debería entender un creyente, sin embargo, no era lo mismo para los que vivieron ese tiempo. Un Mesías muerto en una cruz era el tema más inexplicable para la mente del mundo judío; el asunto más ofensivo para el poder de los romanos y lo más contradictorio a la lógica para los filósofos griegos. Y si ponemos a Pablo dentro de estos tres grupos de pensadores, él tendría razones para escandalizarse de la cruz. Pero el lugar de hacer eso, Pablo se glorió en la cruz de Cristo.

II. PORQUE A TRAVÉS DE LA CRUZ EL MUNDO ES CRUCIFICADO

a. Hay que marcar distancia (vers. 14b).

La declaración de Pablo “lejos esté de mi gloriarme” pareciera marcar una distancia radical en la vida del apóstol. Él vivió en el pasado de las glorias del mundo. Su carácter intransigente y su pasión por acabar con el movimiento del “tal Jesús”, contando con el aval de las autoridades religiosas, lo hacía vivir en la cresta de la popularidad y en el delirio de sentirse como lo mejor que Dios tenía para detener la obra de aquellos ignorantes cristianos.

El mundo que lo vio nacer y llegar a ser un prestigioso rabino fariseo era su gloria. Sin embargo, ahora dice que está lejos de todo lo que vivió por ignorancia. En esto hay cosas que deben ser tratadas. Si algo sabe quien vive en el mundo es de sus ofertas, placeres y atractivos.

El mundo tiene unos encantos que le agradan a la carne. Parece más fácil acoplarse al molde de este mundo que a las demandas de la cruz. No todos los hombres que han conocido a Cristo son capaces de poner esta distancia de la que Pablo nos habla en este texto. La gratificación de todos nuestros deseos hace que el mundo no termine de salir de nuestras vidas. De esta manera, el reto será gloriarse en la cruz de Cristo.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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Un comentario

  1. Saludos y bendiciones desde Nicaragua muy interezante esta informacion.

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