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Por qué regreso uno solo

Predicas Cristianas

Lucas 17: 11-19

INTRODUCCIÓN:

¿Por qué cree usted que no regresaron los nueve leprosos limpiados para darle las gracias a Jesús? Bueno, imaginémonos la escena y pensemos en algunas de estas excusas baratas. A lo mejor uno de ellos se acordó que había dejado a sus hijos muy pequeños cuando le comenzó la lepra y estaba ansioso por verlos. Otro se acordó que por su enfermedad había perdido su empleo y era hora de recuperarlo.

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Un tercero añoraba el día para ver a sus amigos de la infancia y no quería perder más tiempo para saber de ellos. Otro habría tenido una novia y ahora regresa para ver si todavía está allí y mostrarse que ahora está limpio para ella. El quinto de ellos reaccionaría, diciendo, que antes de esa enfermedad había comenzado a estudiar, por lo tanto era hora de regresar a clases.

Es posible que el sexto fuera un deportista antes de vivir en esa condición, y como ahora está sano, quiere regresar para hablar con el manager para que lo acepte en su equipo. A lo mejor el séptimo era un hombre de negocios y no veía la hora de regresar allí.

Es posible que el octavo hombre era un religioso, a lo mejor un levita, y que al verse ahora limpio, corre pronto para hablar con el sacerdote para recuperar su trabajo como ministro de Dios. Y finalmente, el noveno hombre pudo ser un agricultor que había dejado sus tierras abandonas por causa de la enfermedad, pero ahora quiere ir pronto para volver a cultivar y cosechar sus tierras.

Bueno, la verdad es que no sabemos por qué no regresaron los nueves. Así que la pregunta de Jesús era necesaria, pues solo uno de ellos regresó para dar las gracias. Amados, esta historia se repite siempre. La humanidad busca el “favor” divino, pero una vez encuentra cómo satisfacer su condición, entonces no hay regreso para darle las gracias a Dios. Y el creyente no escapa a esta verdad.

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No somos tan agradecidos. La presente historia es única en la Biblia. Está llena del más grande asombro por los resultados. No hay otra escena que nos muestre la ingratitud como ella. Ser sanado de lepra, considerada como la peor enfermedad que haya existido, y no regresar al dador de la sanidad, nos revela ese lado tan incomprensible del ser humano. Respondamos la pregunta de Jesús en el mensaje de para hoy.

I. PORQUE VALORÓ QUE ALGUIEN ESCUCHARA SU DOLOR

1. Unidos por el mismo dolor (vers. 12).

La primera observación que hacemos de esta historia es que los sufrimientos de la vida nos ponen a todos en un mismo nivel de igualdad. No importa la posición del cual se goce, las tragedias de la vida nos unen, y nos hacen ver cuán poca cosa somos cuando pasamos por el valle del dolor y la miseria. ¿Quiénes conformaban aquel miserable grupo que salió al encuentro de Jesús?

Pues al parecer eran nueve judíos y por lo menos un samaritano. No se sabe nada de esos diez leprosos. No hay registros de su trasfondo social. No sabemos quiénes eran antes de ser tocados por semejante enfermedad. Pero están unidos en su dolor. Ahora mire la escena. Las noticias acerca de Jesús ya eran notorias, de allí que al paso de Jesús entre Galilea y Samaria fue la oportunidad de sus vidas para venir a su encuentro.

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A estos miserables que habían sido excluidos de la congregación, sociedad y familia, se les había dicho que tenían que estar lejos de alguien, anunciando que eran leprosos. De allí que el Dr. Lucas nos registra ese detalle tan significativo. Ojalá que la unidad en el dolor nos mantuviera en la misma unidad para amar a Cristo. Que el dolor mantenga la llama de Su amor.

2. Unidos por el mismo clamor (vers. 13).

Estos diez hombres habían oído hablar de Jesús. Alguien tuvo que contarles lo que él había hecho con otros enfermos. A estas alturas ellos tenían que saber acerca de la sanidad de otros leprosos (5:12-16), y cómo ahora estarían integrados a la sociedad por el toque de Jesús. Así que esta es la hora para ellos. No podían pasar este momento.

Por cuanto Jesús se dirige a Jerusalén donde iba a ser crucificado, nunca más pasaría por allí. La desesperación de la lepra les lleva a unirse en un solo coro de clamor. ¿Por qué la miseria reúne a las personas y las confunde en un solo clamor? Porque el dolor humano, que no conoce barreras, lleva a niveles de desesperación y busca en oración audible y hasta desesperada por al Señor de la misericordia.

Observe los nombres que usan los leprosos para dirigirse al Señor: “Jesús, Maestro”. Nadie salvaría como lo haría Jesús, de allí su nombre. Pero nadie enseñaría como lo hizo Jesús. Sin embargo, ellos vieron algo más allá de estos nombres cuando dijeron a una sola voz: “Ten misericordia de nosotros”. No había egoísmo en esta petición. La misericordia de Dios no se hace esperar. Pero, ¿corresponde el hombre a esa misericordia?

II. PORQUE ENTENDIÓ EL VALOR DE LA OBEDIENCIA

1. Hay una obediencia a Jesús que no es absoluta (vers. 14a).

Jesús usó muchos métodos para sanar a las personas. ¿Por qué no respondió en ese momento el clamor de todos ellos? ¿Por qué no les dio la orden directa de sanidad como los hizo en otros casos? Porque Jesús prueba los corazones. El busca en cada “paciente” fe para ser sanado y para ser salvado. Hasta esta parte podemos ver que los diez hombres salieron a ver al sacerdote.

No sabemos que pudieran estar pensando. Si alguno de ellos fue como Naamán el leproso que se quejó contra Eliseo (2 Re. 5), a lo mejor dijo: “¿Por qué Jesús no nos sanó de una vez?”. Nadie sabrá lo que había en los pensamientos de esos hombres, pero una cosa si dominó aquella búsqueda: Jesús les dijo que fueran, y si él lo dijo, entonces había que obedecerle.

Así que ellos fueron, y ¡sorpresa! Mientras iban quedaron limpios como la piel de un niño. Imagínese la escena. Véalos saltar de gozo. Véalos abrazarse. Véalos correr a los sacerdotes para que les dieran el visto bueno de su sanidad. Véalos ir de un lado para otro, pero menos para Jesús. Así es el hombre. La ingratitud jamás reconoce al Dador.

2. Limpiados pero no salvados (vers. 14b).

Esta historia es sorprendente. La manera cómo termina todo parece algo de película. Los diez hombres fueron limpiados. Observe la manera cómo Lucas le pone su sello de médico, al decirnos: “Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados”. Hubo un milagro colectivo. Jesús les sanó en la distancia. Después de mucho tiempo ahora esos cuerpos no hedían.

Las ropas andrajosas fueron cambiadas por ropas limpias y lavadas, propia de un cuerpo nuevo. Jesús trajo sanidad a esos cuerpos casi podridos. Y es que así es la obra del Señor. Nada como su poder para sanar al enfermo y al despreciado. Estos hombres clamaron por misericordia y les fue dada, y en abundancia. Pero, ¿qué paso con ellos?

La historia nos hablará después de nueve hombres limpiados, pero no salvados. ¿Puede pensar en las implicaciones de esta condición? Los nueve leprosos tuvieron a una obediencia temporal, mientras lograron resolver su problema.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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Un comentario

  1. Tremenda refleccion hermano. El Señor le siga llenando de sabiduria. tenemos que ser agrdecido de todo corazon.

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