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¿Qué saliste a ver?

Predicas Cristianas

Una gran realidad es que todos nosotros asistimos a la iglesia por diferentes motivos.  Algunos asisten a la iglesia porque desean negociar con Dios; piensan cosas como: Dios si tú me concedes esto, yo te prometo, etc. Algunos asisten a la iglesia porque desean cumplir con un compromiso, que han hecho con quizás una amistad, o familiar.

Hay muchos que asisten a la iglesia por curiosidad, piensan cosas como: ¿qué será lo que sucede en ese lugar?  Algunos asisten a la iglesia porque desean ver y escuchar, a un pastor famoso o de renombre. Es por eso que vemos como arenas deportivas, salas de conciertos, y grandes salones se llenan a lo máximo por personas que van a ver a alguien que ha alcanzado gran fama.

También tenemos a todos aquellos que asisten a la iglesia, porque están enfermos y/o desesperados, y han escuchado que a tal hora y tal día, se hacen cultos de sanidad y liberación; en otras palabras, estamos hablando de todos aquellos que están en busca de milagros y demás. 

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No podemos olvidarnos de los religiosos, ya que existen muchos que asisten a la iglesia por religiosidad, es decir, piensan que porque vienen a la iglesia semana tras semana serán aceptados por Dios.  Tampoco nos olvidemos de aquellos que asisten a la iglesia, porque tienen algún tipo de ministerio o responsabilidad dentro de la congregación. 

Como les dije, existen muchos que asisten a la iglesia por diferentes motivos, y/o con diferentes expectativas.  Pero nada de lo que les he mencionado debería ser lo que nos motiva asistir a la iglesia; así que la pregunta que estaremos explorando en el día de hoy es: ¿qué me motiva a mí para asistir a la iglesia?   Pasemos ahora a los versículos que nos revelaran la respuesta a nuestra pregunta.

Lucas 7:24-28Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús comenzó a hablar de Juan a las multitudes: —¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido de ropa delicada? He aquí, los que llevan ropas lujosas y viven en placeres están en los palacios reales. 26 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? ¡Sí, les digo, y más que profeta! 27 Este es aquel de quien está escrito: He aquí envío mi mensajero delante de tu rostro, quien preparará tu camino delante de ti. 28 Les digo que entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan. Sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él”. (RVA-2015)

Ahora bien, como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo primero que debemos saber es que estos versículos son el testimonio de Jesús acerca de Juan el bautista. También debemos saber que en este punto de la historia Jesús ya había hecho varios milagros, por ejemplo, había sanado al siervo del centurión [1], había resucitado al único hijo de la viuda de Naín [2], y “…sanó a muchos de enfermedades, de plagas y de espíritus malos; y a muchos ciegos les dio la vista…”  (RVA-2015) [3]. Y debido a estas señales y prodigios, Su fama se esparcía por todos los lugares [4]. 

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Pero aunque su fama se extendía con cada día que pasaba, todavía existían muchos que dudaban que Él fuera el Mesías que el pueblo esperaba, incluyendo al mismo Juan el bautista. Digo esto porque en el evangelio de Lucas encontramos que cuando Juan el bautista escucho acerca de las señales y prodigios que el Señor hacia, él envió a sus mensajeros al Señor para que le preguntasen: “¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?»”, y vemos que el Señor le contestó  de manera contundente para que no quedase duda alguna en ellos. 

Los mensajeros de Juan cuestionaron a Jesús, y “…En ese preciso momento Jesús sanó a muchas personas de enfermedades, dolencias, y expulsó espíritus malignos y le devolvió la vista a muchos ciegos. 22 Luego les dijo a los discípulos de Juan: «Regresen a Juan y cuéntenle lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos caminan bien, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les predica la Buena Noticia. 23 Y díganle: “Dios bendice a los que no se apartan por causa de mí”»” [5].

Y las palabras claves aquí son: “…Dios bendice a los que no se apartan por causa de mí…”  En otras palabras, Dios bendice a los que no dudan de Su palabra, a los que no dudan del poder, majestad, y misericordia de nuestro Señor.  Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy.

Como les indique al inicio, los versículos que estamos explorando esta noche son el testimonio de Jesús acerca de Juan el bautista, y en ellos encontramos lo que el Señor le pregunto al pueblo que le seguía, después que Él le respondió a los mensajeros de Juan. 

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Y en estos versículos encontramos que el Señor hace tres preguntas que nos revelan la respuesta a nuestra pregunta: ¿qué me motiva a mí para asistir a la iglesia?  Examinemos ahora detalladamente lo que aconteció en este momento de la historia para encontrar la respuesta a nuestra pregunta.

Lo primero que vemos aquí es que el Señor le pregunta a ese pueblo: “…—¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?..” 

Ahora meditemos brevemente en esta primera pregunta, y preguntémonos: ¿qué representa una caña sacudida por el viento?  Hermanos, una caña sacudida por el viento, representa la conformidad que un gran número de cristianos, y personas en general han adoptado en nuestros días. 

Y esto es algo que no debería suceder ya que la palabra de Dios, en Romanos 12:2 nos dice claramente: “…No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta…” (NTV). Sin embargo, esta advertencia aparenta haber caído en oídos sordos. ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque hoy en día, no es muy difícil encontrar como la mayoría de los mensajes predicados desde los púlpitos de las supuestas iglesias cristianas (especialmente en las megas iglesias), son mensajes que se han ajustado para agradar al hombre, en vez de llamar al pecador al arrepentimiento, para que el hombre agrade a Dios.  En otras palabras, al igual que una caña se dobla con el viento, existen numerosos predicadores que no predican con consistencia la verdad de Dios. 

Existen numerosos predicadores que se rinden a las circunstancias que le rodean, dejan de predicar la verdad de Dios, y se dedican a predicar mensajes populares que agradan los oídos de las personas.  ¿Por qué sucede esto? 

Esto sucede porque la verdad de Dios puede causar que un sitio se vacíe.  ¿Por qué?  Porque la verdad de Dios no tolera el pecado; la verdad de Dios llama a las cosas por lo que son, y esto es exactamente lo que Juan el bautista predicaba. 

Fíjense bien como esto es algo que queda bien ilustrado en Mateo 3:7-8 cuando leemos: “…Pero cuando Juan vio que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: “¡Generación de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira venidera? 8 Produzcan, pues, frutos dignos de arrepentimiento;…” (RVA 2015). 

Como todos sabemos, los fariseos y saduceos representan los dos grupos religiosos más influyentes de ese entonces; ellos representan a los que según cabe suponer estaban correctos ante los ojos de Dios, pero Juan el bautista les llama: “¡Generación de víboras!…”  ¿Por qué les llamo así? 

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Les llamo así porque él conocía la hipocresía y la maldad de ellos, y este mismo sentimiento fue también repetido por el Señor en Mateo 12:34 cuando se dirigió a ellos diciendo: “…!!Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca…”  (RVR1960). Dile a la persona que tienes a tu lado: la verdad de Dios no es popular.

Hermanos, la verdad de Dios no es popular porque la verdad de Dios nos llama a cambiar por completo [6].  La verdad de Dios no tolera el pecado, y eso es algo que queda muy bien expresado por el salmista en el Salmo 5:4 cuando leemos: “…Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti…” (RVR1960). Pero esto es algo que muchos NO están dispuestos a aceptar, y/o no logran entender. 

Digo esto porque lo que la mayoría de las personas quieren escuchar, y que aceptan con ligereza, es que pase lo que pase o hagan lo que hagan Dios siempre les acompaña, pero esto NO es la verdad. 

La verdad es que Dios no habita en el pecado; Dios no acompaña a aquellos que perseveran en conducir su vida fuera de Su voluntad.  Esto es algo que queda bien claro en Hebreos 10:26-27 cuando leemos: “…Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios…”  (RVR1960). Y es por eso que ahora debemos preguntarnos: ¿Por qué hemos asistido a la iglesia esta noche? 

¿Hemos asistido a la iglesia para escuchar un mensaje que nos haga sentir mejor, o para escuchar un mensaje que nos haga ser mejor?  Existe una gran diferencia entre lo que nos hace sentir mejor, y lo que nos hace ser mejor. 

Acerca Jose Hernandez

Obispo José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Obispo Hernández y su esposa nacieron en Cuba, y son ciudadanos de los Estados Unidos de América. El Obispo Hernández y su esposa conocieron a Jesucristo en el año 1994, se integraron a una iglesia cristiana, y fueron bautizados. En el año 1999 fundaron el ministerio El Nuevo Pacto e iniciaron la obra del Señor.

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