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Bendiciones cruzadas

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Introducción

José era bendecido y cuando tú eres bendecido no necesariamente tienes que pregonarlo a los cuatro vientos. Algunos te van a odiar cuando vean tu manto de colores. Los hijos de promesa de Dios son bendecidos y no pueden evitarlo; no lo merecen pero son bendecidos. Cuando eres bendecido conspirarán contra ti para derribarte. El enemigo se molestará y tratará de destruirte. Es necesario entender otra verdad: siempre habrá una cantidad de presión, de prueba, de humillación, de fracaso y de resignación cuando eres bendecido. Ese es el camino a la gloria precisamente.

Y JOSÉ FUE LLEVADO….

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Antes estaba rodeado de gloria y bendición en su casa y ahora era llevado, arrastrado, empujado (Génesis 39:1). ¿Has visto alguna vez tus sueños, visiones y llamado aparentemente aplastados hasta parecer que no queda nada más? En Génesis 37:20, sus hermanos declararon: «veamos donde quedan sus sueños». Sin embargo no podemos perder de vista lo siguiente: lo vendieron porque era bendecido, lo rechazaron porque era bendecido. José no sólo fue llevado a Egipto sino que fue probado por largos años.

DIOS CIERRA PUERTAS…..

Dios cierra puertas, ¿le agradece usted cuando lo hace? ¿Ha entendido usted que haciendo eso, El está empujándolo a Su perfecta voluntad? Dios que ve el futuro, sabía que vendría hambre en unos cuantos años y el sabio varón que aconsejaría a Faraón era José, ¿cómo lo llevaría hasta allí? ¿Cómo formar al hombre de carácter templado, compasivo y misericordioso que salvaría a mucha gente? Dios tenía algo mejor sí, era verdad, llegaría a estar en eminencia, reinaría pero no sin antes sufrir, pasar pruebas y cárcel.

JOSÉ, EL SERVIDOR…..

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José no sabía porqué estaba allí, sin embargo, donde quiera que llegó comenzó a servir. ¿Se dio cuenta usted? Antes de reinar hay que servir, hay que bajarse, hay que comenzar desde abajo, hay que humillarse. Trató de hacer lo mejor de cada situación. El era bendecido y no podía evitarlo. El era bendecido y podía bendecir a otros. Cuando somos bendecidos, Dios abre las puertas de bendición a los que nos rodean. La casa de Potifar fue bendecida a causa de José. Donde quiera que estemos podemos ser bendición. Puede que estés en un lugar extraño, puede que la situación sea inverosímil, no sabes porqué estás donde estás, ni porqué está pasando lo que está pasando pero allí y ahora mismo puedes ser bendición.

ESTO NO ESTABA EN MIS VISIONES…..

Esto no me lo enseñaste en mis sueños. No me enseñaste los vituperios. No me enseñaste la prueba. No me enseñaste la soledad. No me enseñaste la incomprensión. No me enseñaste el dolor. Dios siempre deja algo fuera de tus sueños, se reserva detalles para El porque de seguro si nos los revelara todo, no entenderíamos cómo esas cosas pueden contribuir a la realización de tus sueños. Su intención es que aprendas a confiar en Su buen juicio y Su plan perfecto.» No sé como esto me llevará al palacio donde veré realizados mis sueños pero de lo que estoy cierto es que mi Dios está haciendo su obra en mí lo entienda yo o no lo entienda». Dios estaba formando a José, había sido un jovencito engreído que lo único que había conocido era lujo, prestigio, posición social acomodada, éxito, buena salud y además,¡había tenido visiones de Dios! En esas condiciones y ocupando un lugar de liderato hubiera sido un desastre. Esa exaltación hubiera sido muy dañina y seguramente lo hubiera llevado a la destrucción. Sí, era bendecido pero no había aprendido otras lecciones muy necesarias que sólo podía aprender en la fosa, como esclavo y en la cárcel. El rechazo, el olvido de los demás y la soledad fueron los instrumentos de Dios para formar en José el hombre capaz de ser el segundo en todo Egipto.

LO QUE APRENDIÓ JOSÉ…..

Aprendió a poner su confianza en Dios solamente. No podía confiar en sus habilidades, experiencias ni aún en sus sueños, sólo y exclusivamente en Dios (Génesis 41:16). Dios le mostró Su habilidad de guardarlo , bendecirlo y prosperarlo aún en medio de todo lo que pasó. Sólo después de esto emergería, el varón que Dios quería y con el cual tenía propósito, solidificado en Dios y útil para Sus propósitos. A través de desilusiones, dudas y desalientos, ahora sí estaba preparado para la posición de autoridad al lado de Faraón. ¿Se identifica usted con José? » Señor me dijiste que me exaltarías, que tengo un poderoso ministerio y llamado, que me usarías y mírame donde estoy y todo parece salir peor cada día. ¿Porqué me rechazaron? ¿Porqué me vendieron? He orado, te he sido fiel, te he servido, ¿qué pasa Dios?». No te desesperes, Dios está trabajando en ti y llegará el día en que vean quién eres realmente, «uno en quien está el Espíritu de Dios» (Génesis 41:38).

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Y JOSÉ LLEGO AL PALACIO…..

José era el hombre de Dios y comenzaron a desplegarse ante sus ojos los propósitos que El tenía con su siervo. Faraón lo llamó: «Zafnat-panea», el hombre a quién se le revelan los secretos. Aún en tus momentos difíciles al igual que José, tú puedes ser bendición, José, en la casa de Potifar y en la cárcel lo único que hizo fue bendecir. Nunca se amargó, la amargura no te permite bendecir. José fue bendición y Dios no permitió que lo olvidaran para siempre, había llegado el día de la exaltación, el día de colocarlo en el lugar prometido, el día de ver sus sueños cumplidos.

MANASES Y EFRAIN…..

Ya en el lugar de exaltación donde Dios lo coloca le nacen dos hijos (Génesis 41:51-52). Al primero lo llama Manasés: «Dios me hizo olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre». Lo primero que tienes que hacer cuando Dios te saque de la prueba, de la situación, de la angustia es olvidar, cortar el cordón umbilical que te ata al pasado,¡córtalo! ¡olvídalo! Cuando reconoces que Dios te cuidó, te cubrió y finalmente te rescató, no tiene sentido que sigas amargado, resentido y quejumbroso.» He sido muy bendecido por lo que El ha hecho por mí y cómo me ha librado, ¿cómo voy a seguir recordando el pasado? Me maltrataron pero El me libertó, me odiaron pero El lo tornó para su gloria, ¿cómo voy a seguir guardando rencor?» Olvídalo, no hables más de eso, no te molestes ni te cargues más por lo sucedido, sólo olvídalo. José tuvo un segundo hijo. No puedes tener el segundo hijo sino tienes el primero. Al segundo lo llamó Efraín, «Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción». Es ahí cuando comprendes que Dios fue, es y será más grande que tu problema. «Te bendeciré en medio de los que no te comprenden, en medio de los que te afligen, ahí te daré frutos, fructificarás y lo verán porque lo haré en público. No te muevas, no des un paso por tu cuenta para librarte, quédate ahí, Te voy a bendecir donde estás». Grítele con todas sus fuerzas a Satanás:»Aquí me quedo porque sé que aquí Dios me bendecirá, me hará fructificar en medio de mi aflicción. Estás perdiendo el tiempo, he comprendido que mi Dios es bueno y me bendecirá en medio de mi prueba».

BENDICIONES CRUZADAS…..

Cuando Israel, el padre de José, fue traído a Egipto, José le trae a sus hijos para que reciban la bendición patriarcal (Génesis 48:12-20). Cuando estaban frente a él algo extraño ocurrió: Israel cruzó sus brazos para bendecir a sus nietos. Manasés estaba a su mano derecha por lo que la mano derecha debía reposar sobre él y recibir la bendición mayor, la del primogénito, mientras que Efraín estaba a su mano izquierda para recibir la bendición como el menor. José quiso corregir a su padre pero Israel le aseguró que sabía lo que hacía: la bendición mayor sería para Efraín aunque era el menor. He aquí el «rhema»: la bendición mayor es pasar a través de la prueba y fructificar, «Efraín» y ver cómo Dios en medio de ella te ha hecho un vencedor, la bendición mayor no está en olvidar, «Manasés», sino en fructificar en medio de tu aflicción. La bendición está cuando puedes mantenerte de pie en el lugar donde trataron de destruirte y allí, ¡ser bendecido por Dios! Mantenerte bendecido aún en un lugar de maldición, aún en medio del problema, de la situación difícil o de la dura prueba, cuando puedes convertir la tragedia en triunfo. «Mi mano derecha y la bendición mayor es sobre tu hijo segundo porque te mantuviste y no te moviste, afligido pero dando frutos. Te quisieron aplastar y amargar pero la mano poderosa de Dios lo transformó para tu bien y para Su gloria». Esas son las bendiciones cruzadas, Dios cruzó sus manos y te bendijo y a raíz de eso saldrás más ungido, más lleno de Su poder. Lo malo lo tornará en bueno, lo errado lo tornará en correcto.

CONCLUSIÓN

¿Te atreverías a dar gracias por todo lo que has pasado? Por los que te han menospreciado, por los que te han herido, por las noches de soledad y lágrimas, por las pruebas. Inténtalo, verás como ocurre un «corto circuito» en el mundo espiritual y todo se cruzará para tu bendición. SOLO ACUÉRDATE DE JOSÉ…….

Acerca Yolanda Quiñones

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