¿Que pide Dios de ti?

Predicas Cristianas | Sermones Cristianos

«…Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno…” (Miqueas 6.8)

Una somera mirada a los títulos de los libros cristianos más recientes basta para darnos cuenta que la mayoría ofrecen soluciones prácticas e inmediatas. En cuestión de semanas, y como resultado de la película La Pasión, se estarán vendiendo en librerías cristianas y por la internet, látigos, cruces y coronas de espinas.

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Parece increíble que de un versículo que contiene la oración de Jabes se hayan vendido millones de ejemplares, como también prendedores, cuadros, amuletos, prendas, forros, separadores, billeteras, bolígrafos; y no nos sorprenda que de seguir el auge y la magia de la mercadotecnia, muy pronto tengamos un nueva Biblia versión Jabes. No creo que Wilkinson ni Warren hayan tenido malas intenciones, pero sí creo que de alguna manera han explotado demasiado el producto de moda, y todo porque las personas buscan soluciones fáciles e inmediatas. La gran pregunta sigue siendo la misma que se plantea a través de profeta Miqueas (6.6)

¿Con qué me presentaré delante de Jehová y adoraré al Dios Altísimo? Puesto de otra manera sería: ¿Haciendo que cosas agradaré a Dios y obtendré su bendición? Ni la espiritualidad teatral, ni el liderazgo arrogante, ni el mercado religioso, pueden responder a estas interrogantes; sin embargo Dios mismo a través del mismo profeta nos dice que él se agrada cuando obramos justamente, amamos misericordia y nos humillamos delante de él. (Miqueas 6.8) Todos somos inocentes hasta que no se comprueba lo contrario, solemos arrepentirnos verdaderamente hasta que hemos sido sorprendidos en la falta, también solemos alegar nuestras buenas intenciones y con el correr del tiempo hemos aprendido el maravilloso arte de trasladar la culpa a los demás. Procuramos evadir la responsabilidad, mantenernos al margen, imparciales, diagonales, indiferentes e insensibles con tal de no involucrarnos.

Usamos diferentes mascaras según la ocasión, mantenemos distancias prudenciales, diplomacias bien elaboradas, no necesitamos haber leído el tratado del Arte de la Guerra, de Tzu Sun, para ser expertos y precavidos. Lo que menos nos gustaría es tener que comparecer ante un interrogatorio, que nos tuvieran que fiscalizar, que nos llegara un citatorio de un tribunal de justicia, o que tuviésemos que declarar ante una corte de cuentas. La Palabra de Dios dice que tarde o temprano vuestro pecado os alcanzará, de allí el temor que aún inconscientemente se suele manejar, precisamente porque sabemos que por nuestros propios medios jamás nos podríamos justificar. Dios en su inmensa bondad nos declara la manera adecuada con la cual debemos proceder, y no se está justificando aquí la doctrina de la salvación por obras, sino únicamente lo que Dios espera de nosotros.

La justicia obviamente comienza en casa, Dios espera que una vez que hemos entrado en una relación personal con él, desarrollemos un estilo de vida correcto en todos nuestros trámites y maneras de proceder. A veces su pueden tener muy buenos modales para con los de afuera y sin embargo ser injusto en el trato con los miembros de la misma familia. A Dios le desagrada la medida fraudulenta, él espera que sus hijos e hijas sepan conducirse honradamente en todo, aún cuando se tenga que sufrir pérdidas, que aprendamos a no vengarnos, a pagar bien por mal, y no defraudar a los demás, y sobre todo evitar que otros tropiecen con nosotros. En el pacto de la iglesia bautista prometemos ser fieles en nuestros compromisos y justos en nuestros tratos hacia los demás. No hay satisfacción más grande que la de saber que hemos sido justos hacia los demás, aún cuando nadie lo haya notado, o cuando hayamos tenido que asumir alguna pérdida o sufrir. Por otra parte el amar misericordia debe ser siempre la característica primordial que identifique a los hijos e hijas de Dios, en la parábola del buen samaritano nuestro Señor establece las bases para obrar con misericordia en cualquier circunstancia.

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Él espera que aprendamos a compartir nuestro pan con el necesitado, a brindar ayuda y consuelo cada vez que se nos presente la oportunidad, que seamos solidarios con cualquier criatura que lleve impresa la imagen de Dios. El mismo nos asegura que un vaso de agua que demos en su nombre no quedará sin recompensa, y que más bienaventuranza en dar que recibir. Cada vez que extendemos la mano a quien lo necesita y compartimos de lo que hemos recibido, y usamos de nuestro tiempo para escuchar a otros, nos asemejamos a Aquel que dijo yo he venido para servir y dar mi vida en rescate por la humanidad. Gracias a Dios por las personas misericordiosas que en un momento determinado se detuvieron para ayudarnos, gracias a quienes nos dieron! de su amor, perdonaron nuestras faltas, y siguieron creyendo en nosotros.

Lo ultimo que Dios demanda es que nos humillemos delante de él, y si analizamos bien el porqué de esta demanda, descubriremos que al hacerlo en nada beneficiamos a Dios, sin embargo nosotros mismos somos altamente bendecidos al someternos a un Dios maravilloso y lleno de bondad. Lo que Dios pide de nosotros, en ultima instancia, es lo que más nos conviene a nosotros mismos. Humillarnos delante de Dios es reconocer su señorío en nuestra vida, amarle con todo nuestro ser, adorarle reverentemente, servirle con nuestros dones y capacidades, y sobre todo honrarle en todos los aspectos de nuestra vida. Sabernos parte del plan divino y contribuir a la plena realización del mismo, equivale a haber encontrado la razón más poderosa de nuestra existencia y el significado más profundo de la vida.

¿Cómo podemos dar a nuestro Dios lo mejor de nosotros? ¿De qué manera nuestra vida refleja lo que Dios requiere? ¿Qué haría más significativo su caminar con Dios? ¿De qué manera su aporte y contribución financiera refleja su amor por la obra? ¿Se considera usted una persona justa en su relación con Dios y con su prójimo? ¿En cuanto a lo que Dios requiere de usted, considera que él está satisfecho? ¿De alguna manera es su vida un sinónimo de ofrenda viva a Dios? ¿Si usted tuviera que pintar un cuadro titulado La Entrega, cómo lo describiría? No tiene que responder a todas estas interrogantes, pero si tiene que dar cuentas a Dios del uso de su tiempo, talentos, dones y recursos. Dé cuenta de su mayordomía respondiendo a lo que Dios de usted requiere.

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