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El amor que debe ser odiado

1 Juan 2:15-17

INTRODUCCIÓN:

El presente título pareciera ser una contradicción, pero el apóstol Juan nos introduce en un tema donde no da lugar para amar lo que Dios odia; para apegarse a un sistema que cada vez se enrumba hacia una destrucción final. Pero, ¿cuál es ese mundo que no debe ser amado? ¿No nos dicen las Escrituras que Dios todo lo hizo hermoso en su tiempo? ¿No se deleita acaso nuestra mirada cuando vemos un hermoso amanecer o atardecer? ¿No pasa lo mismo cuando vemos las flores, los arboles, los animales y las variantes estaciones del año? Es obvio, pues, que Juan no habla del mundo creado por Dios sino del mundo creado por el diablo. De ese mundo él se auto nombró como “príncipe”, pues siempre quiso gobernar. Es ese mundo al que no debemos amar sino odiar.

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El cristiano nació para amar, pero ahora esta delante de él lo que debe odiar. “No améis al mundo” es uno de los mandamientos del Nuevo Testamento. Está en la misma categoría de esos mandamientos negativos como: No adulterarás o no matarás. Y la verdad es que esto tiene mucho sentido pues si aguardamos un mundo donde va a imperar la justicia y la santidad, entonces debemos alejarnos de ese mundo de maldad. Un hombre le pregunto hace tiempo al Señor Moody lo siguiente: “Ahora que me he convertido, ¿tendré́ que dejar el mundo?”. El Señor Moody le contestó: – De ninguna manera, usted no tiene que dejar el mundo. Pero si su testimonio cristiano es bien claro, el mundo lo va a dejar a usted y muy pronto”. Mis hermanos esta es la verdad con la que Juan nos confronta hoy. Hay un amor que no debemos darle la bienvenida. Hay un amor que debe ser odiado, si me permiten esa manera de ver el texto. Así que vamos a considerar las razones por las que un creyente no debe amar al mundo.

I. AL AMAR AL MUNDO QUEDAMOS FUERA DEL AMOR DEL PADRE

1. “No améis al mundo…” v. 15a.

Es probable que cuando Juan escribe a sus hermanos ya no había mucha persecución y eso podía abrir la puerta volver a regresar a donde habían salido. Cuando Juan exhortaba a sus hermanos, gran número de falsos maestros estaban enseñando doctrinas y prácticas muy distintas a las dejadas por los apóstoles a las iglesias del Señor. Juan no dudada que aquellos amadores de si mismos estarían insinuando al pueblo redimido alguna tendencia para que ellos regresaran otra vez a Egipto. Así que el presente mandamiento está muy vigente. Hay una tendencia en el corazón de querer siempre regresar al mundo. El creyente lucha con muchas cosas que le distraen y lo alejan de Dios, de modo que es necesario volver una y otra vez a este mandamiento bíblico. Los israelitas salieron de Egipto, lo que sería su mundo de pecado y de idolatría, pero una vez puestos en libertad añoraban regresar cuando les faltaba la comida o la bebida. Jesús conocía esto por eso dijo “no os ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal”.

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2. “… y las cosas que están en el mundo…” v. 15b.

Ya hemos dicho que Juan no está ordenando que odiemos al mundo creado por Dios. Salomón nos ha dicho que Dios lo hizo todo hermoso en su tiempo (Ecl. 3:11). Entonces “las cosas que están en el mundo” es una clara referencia al sistema espiritual invisible de maldad que es dominado por Satanás. Ese mundo invisible de maldad se le va a presentar al creyente todos los días para que desvie su atención y lo ame. Satanás domina el arte de camuflaje y de la vestimenta. Bien sabe el enemigo que debe presentar al creyente su objetivo más deseado, el mejor atractivo para que él ame al mundo y las cosas que están en el. Porqué cree usted que la Biblia nos dice que él se viste como ángel de luz, porque es con el ropaje más atractivo que el despertará todos los deseos, a los que la Biblia llama concupiscencia para hacerlo pecar. ¿Cómo piensa usted que Satanás se vistió cuando tentó a nuestros padres Adán y Eva para pecar contra Dios? Fue todo tan atractivo que Eva no resistió aunque argumentó al principio. Satanás te conoce y sabe cuales son esas cosas del mundo que te agradan y siempre trabajará en en esa área para que tu ames al mundo. De allí la importancia de este mandamiento bíblico.

3. “… el amor del Padre no esta en él” v. 15c.

La declaración de este texto no da lugar a términos medios. No hay otro color entre blanco y negro, como gris por ejemplo, en el asunto de amar a Dios. No se puede amar a Dios y al mundo a la vez . Cada ser humano o bien es un cristiano genuino cuya vida es un apego es un amor profundo a Dios, o un no creyente que esta en rebelión permanente porque su mas grande amor se lo ha dedicado al mundo. Por lo que está a la vista, este texto es extremadamente serio. Una persona en quien no more el amor del Padre tiene que ser la persona más desdichada en la tierra. Solo imagínese por un momento lo que es no tener el amor del padre, la madre y hermanos. Pues si esto es triste, imagínese no tener el amor de Dios. El asunto es que Dios no comparte su amor con nadie. Si en mi corazón me he enamorado del mundo, y he hecho de él mi gran amor, debo saber que no puedo contar con el amor de Dios. Jesucristo lo dijo de una manera categórica al referirse que no podemos servir a dos señores. El amor del Padre no es compartido con nadie.

II. AL AMAR AL MUNDO DESCUBRIMOS NUESTROS MALOS DESEOS

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1. El mundo y los deseos de la carne v. 16ª.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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