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La diligencia

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Cuando recibí la palabra profética para este año de 2017, de que iba a ser un año donde se manifestarían sobre nuestras vidas 12 virtudes de la Gracia y que esas virtudes se encontraban en 2 Pedro 1:5-10. Yo fui la primera sorprendida al ver el potencial tan bonito y tan grande que Dios quiere desatar sobre nuestras vidas; para que seamos mejores cristianos y veamos Su Favor en nuestras vidas.

Durante el estudio de estas lecciones Dios nos llevará por el camino de conocer las virtudes de la Gracia, que son en otras palabras, las fortalezas del alma, precisamente aquellas cosas con las que podemos luchar contra el enemigo interior.

2 Pedro 1:5-10 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. 10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.

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Este mes de Enero de 2017, comenzaremos el discipulado aprendiendo sobre LA DILIGENCIA.

Creo que a más de uno, cuando se habla de Diligencia, piensa inmediatamente en los coches grandes de cuatro ruedas llevados por caballos que se usaban en el viejo oeste de los Estados Unidos de América y solían tener 2 o 3 compartimentos para llevar viajeros o equipajes.

El nombre de este carruaje de línea viene del latín “Diligentia” que significa cuidado, puntualidad. En el siglo XVII las primeras diligencias se llamaban “coches de diligencia”, para hacer hincapié en su virtudes serviciales

La palabra diligencia tiene también otros significados, como:

  • Elegir de un lado y de otro.
  • Distinguir, honrar y amar.
  • Poner todo nuestro empeño y afán en la dedicación a algo o a alguien.
  • Cuidado escrupuloso hacia las cosas y cualidad del que está presto a ellas.
  • Esmero en ejecutar algo.
  • Atención y prontitud.

La diligencia es también llamada disciplina o entusiasmo, y en resumidas cuentas es la disposición o predisposición a ejecutar coherente y constantemente un estilo de vida orientado a lo que se cree correcto.

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El objetivo es, obviamente, conseguir que ese estilo de vida sea la guía de nuestro ser en el mundo. Es por esto que es la virtud o fortaleza más importante de todas, porque de hecho sin esta es imposible que se desarrollen las demás.

Las virtudes tienen un defecto (suena a paradoja, pero no lo es): son muy difíciles de implementar en la vida normal. La vida ya es de por si tan dura que muchas veces sólo podemos dedicarnos a intentar sobrevivir en el día a día sin morir en el intento. Si encima se nos exige ser virtuosos, llega un momento en que nos saturamos y ¡pum!, todo explota.

Sin embargo, una mirada en la dirección correcta nos hace percatarnos de que… ¡Oh, mi Dios! Es cierto: la vida tan difícil que llevamos es prácticamente siempre causa de que no ejercitamos las virtudes del alma, eso que hace que el alma se fortalezca hasta el punto de no necesitar de esfuerzo para seguir una dinámica de funcionamiento virtuoso. Y ahí es donde entra la diligencia, ya que es la virtud que nos permite fortalecernos lo suficiente como para poder adentrarnos en el resto de virtudes sin miedo.

Esto es muy difícil, sobre todo para el dormido, pero como dijo Kennedy: no lo hacemos porque sea fácil, sino porque es difícil. Durante décadas mucha gente ha intentado desentrañar el misterio de estas palabras, pero son palabras sabias y con un profundo significado espiritual. Y la diligencia nos ayudará a descifrar su significado.

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La diligencia tiene su contrario en la pereza. La pereza es la peor de los males del alma, porque es el que nos llevará invariablemente a cualquiera de los otros defectos espirituales.

La pereza no es ni más ni menos que la debilidad que nos hacer perder la concentración de la vida, la perspectiva, nos desvía la mirada del punto correcto, y aunque sólo sea momentáneamente, nos llevará por cualquier otro camino si no reaccionamos a tiempo. Nos despista, nos aturde y ese aturdimiento nos genera temor, y el temor es siempre un temor a la pérdida. ¿De qué? Hay que analizarlo en cada caso, y cada uno es siempre el mejor maestro de si mismo, y el que mejor puede comprender cual es el motivo.

La única forma de comprender qué es aquello que nos ha desviado del camino es la introspección, acudir a un extraño para que sea él quien “desatasque” nuestros problemas es cuanto menos inútil. Pero precisamente, acudir a un psiquiatra para intentar solucionar los conflictos internos es en si mismo un acto puro de pereza. No queremos afrontar el auto-estudio, y por tanto delegamos en otros que nos digan lo que sólo nosotros podemos saber bien. No hace falta pagar a un tercero para que nos diga lo que ya deberíamos poder saber. En todo caso, la diligencia es la solución al problema de la pereza, y es lo que vamos a estudiar a continuación.

Antes he dicho que la diligencia es lo mismo que la disciplina o el entusiasmo (o las dos cosas a la vez).

Entusiasmo significa “exaltación del ánimo bajo la inspiración divina”. Cuando somos diligentes, sentimos entusiasmo por lo que hacemos, es decir, actuamos bajo la inspiración divina, es decir, nuestro interior. Alguien disciplinado es alguien que, bajo una idea recta de lo que debe hacer, ejecuta sus acciones cotidianas de forma entusiasta, para lograr el objetivo que se ha marcado.

De esto es fácil derivar que para ser diligente es necesario tener un objetivo a conseguir, un plan o estrategia. Es lo común que la mayoría de los individuos no hacen planes. Alguno dirá que eso no es cierto, pero probaré que es como digo: es cierto que la mayoría de las personas hace algún tipo de plan a corto o medio plazo, tal como conseguir un trabajo, ir de vacaciones o aprobar los exámenes. Pero esos planes no son relevantes a futuro. No hay objetivos a conseguir a largo plazo. Estos objetivos a largo plazo son objetivos con valor para el individuo, pero la vida es generalmente tan variable y la mayoría de la población tiene tan poco control sobre su propia existencia que es fácil no intentar hacer planes a futuro, porque creen que no los podrán conseguir nunca.

Sin planes, no hay diligencia posible, porque lógicamente no hay objetivos a conseguir. Se hacen las cosas sin entusiasmo, sin ganas, sin fuerzas, y eso degenera como es fácil suponer en pereza.

Las personas diligentes son activas, pro activas diría incluso, de buen ánimo y que no se dejan avasallar por los problemas. Tienen unos objetivos vitales que les empujan, incluso de forma inconsciente, a hacer lo que deban hacer, e incluso a generar oportunidades donde no las hay.

Al no ser perezosas, no se sienten decaídas y deprimidas, no tienen la sensación de estar fracasando en la vida y de que todo va mal. Su existencia no está condicionada por los vaivenes de la vida, porque ellos controlan el devenir de su existencia, e incluso aunque a veces vengan mal dadas, son capaces de sobreponerse de los golpes y continuar con una sonrisa. Son optimistas crónicos.

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Hoy, he tenido que esforzarme enormemente para ser diligente y preparar esta lección, llevo 3 días en reposo absoluto con neumonía y no quería ni pensar, ni hablar, ni moverme, con un fuerte dolor en el pecho, con fiebre, vómitos, sudoración y no se cuantos síntomas más; tenia excusas válidas para no hacer la lección; pero le pedí al Señor un poco de fuerzas para sacar el discipulado a tiempo y ser diligente en la parte que me corresponde. ¡Se puede ser diligente!.

Las iglesias irían mejor si los hermanos fueran diligentes en todo lo que hacen; las familias irían mejor si fueran diligentes los unos con los otros y nosotros mismos seríamos diferentes si nos esforzáramos a ser más y más diligentes.

© 2017 Moreiba Cabrera.

Acerca Moreiba Cabrera

Soy Moreiba Cabrera, pastora principal de la iglesia Nueva Vida de Madrid.

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3 comentarios

  1. Q hermoso estudio Dios la bendiga y la use para su gloria y edificación del cuerpo de Cristo

  2. Una buena palabra puesta en practica inmediatamente….Que el Señor te siga dando presicion al compartir tan clara y entendible la escritura.

  3. Dios le Bendiga. Agradezco a mi Padre celestial por no esconder de ud. esta poderosa palabra.. La cual es de mucho alimento para el alma..

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