La inmensa fe de Job

Escrito por Wilson Miranda. Publicado en Sermones



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Job 14:1-14

Cierta ocasión al famoso patriarca bíblico llamado Job, a aquel hombre considerado justo, recto y temeroso de Dios, se le presentó una gran interrogante en su mente. Su situación era conmovedora, sus amigos comenzaron a aborrecerle, su esposa comenzó a despreciarle, su desesperada enfermedad empeoraba, su piel empezó a pegarse en los huesos. Y es en esta situación cuando Job exclama: ¿Hay vida después de la muerte?

En nuestro tiempo aun prevalece esta pregunta en la mente de muchas personas. Quizá todos nosotros alguna vez nos hemos preguntado, ¿Por qué existe tanto misterio de la vida después de la muerte? ¿Saben los muertos lo que hacen los vivos? ¿Volveremos a ver a nuestros seres queridos que ya fallecieron? ¿Cómo puedo estar seguro de que existe la vida en el más allá? ¿Existe alguien que después de morir haya experimentado la vida después de la muerte? ¿Qué nos enseña la Biblia al respecto?

Veamos el desarrollo de la inmensa fe de Job. Leamos el capítulo 14:1,2. Aquí se compara a la vida del hombre con una flor. Fue el mejor ejemplo que pudo imaginar aquel patriarca, porque se dice que en Palestina, donde Job desarrollo su inquietud, alguien sale por la mañana y puede mirar muchas regiones florecientes, pero al siguiente día, a la misma hora del día anterior, no hay indicio de haber florecido. Job utilizó esta ilustración para describir la brevedad de la vida del ser humano, que un día es y al otro día ya no es.

Ahora veamos los versículos 3-6. Job trata de altercar con Dios, porque él considera que el hombre es tan insignificante ante la grandeza de Dios y que por tanto debería darle toda la prosperidad que necesite y desee para vivir en esta corta vida. Dios no debería permitir que el hombre sufra en este mundo.

Veamos los versículos 7-12. Seguramente Job estaba pensando que el hombre fue creado en un orden superior al de cualquier otro ser creado. Sin embargo, considera que se puede cortar un árbol, pero existe la esperanza de que este árbol brote otra vez. Por el contrario, el hombre se enferma, muere y todo se acaba, no hay esperanza de que vuelva a retoñar. Quizá Job no podía entender este misterio. Que un árbol pueda vivir más que un hombre era difícil de aceptar. Es aquí cuando comienza a hacer uso de su fe.

En los versículos 13,14 consideremos lo que dice. Job de hecho tenía una enfermedad muy maligna y en su angustia quería saber si hay vida después de la muerte, porque solamente de esa manera comprendería su situación, es decir, el porqué permite Dios que el hombre sufra en esta vida. A partir de entonces su fe va en aumento y cuando llega al capítulo 19:25 dice con mucha convicción: "Yo sé que mi Redentor vive". No dice creo o supongo que mi Redentor vive, quizá antes hablaba de esa manera, pero ahora dice con toda firmeza: "Yo sé que mi Redentor vive". Luego añade: "y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios".

¡Qué inmensa fe de Job! Asegura que llegará el momento en que él morirá, pero que podrá ver a Dios en la vida después de la muerte y con sus propios ojos. Con seguridad nadie tenía esa certeza que Job la tenía, él creyó por fe únicamente.

Más adelante se puede ver que otros personajes bíblicos también creyeron en la vida después de la muerte. David tenía la convicción de que existía la resurrección como puerta para la segunda vida. En igual manera creían Jeremías (23:5), Isaías (26:19), Ezequiel (37:12), Daniel (12:2, Oseas (13:14). En forma idéntica nosotros tenemos la esperanza de la resurrección como la única manera de pasar a la segunda vida. El apóstol Pablo nos asegura eso en 1 Corintios 15:50-52.

En otras palabras seremos semejantes a Jesucristo después de su resurrección. Eso sí que es hermoso, porque el cuerpo de Jesús era realmente extraordinario. En primer lugar su cuerpo era visible y palpable, fue visto por todos sus discípulos y luego por más de 500 personas, antes de su ascensión (1 Corintios 15:5-8). Igualmente fue tocado por el incrédulo Tomás (Juan 20:24-29) y en otra oportunidad le dieron de comer parte de un pez y un panal de miel (Lucas 24:37-43).

En segundo lugar, Jesús después de su resurrección, podía aparecer tras puertas cerradas (Juan 20:19) y al mismo tiempo podía desaparecer (Lucas 24:31).

En tercer lugar, su cuerpo es ahora increíblemente resplandeciente, a tal punto que quien lo mire, caería como muerto a sus pies (Apocalipsis 1:13-17).

¡Qué hermoso es Dios en su pensamiento! ¿No cree que será hermoso llegar a ese estado de inmortalidad? Entonces elijamos el camino correcto, sigamos las huellas de Jesús y él nos conducirá a la vida eterna. No elijamos el camino del maligno, es decir, el camino de la codicia, la contienda, los placeres y, en general todo pecado, porque eso nos llevará a la perdición total. Pero si elegimos el camino de Jesús, hallaremos bienestar en esta vida y un hermoso porvenir en el más allá.

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