Cristo, nuestro abogado defensor

1 Juan (2:1)

Introducción:

A través de su epístola universal, nuestro apóstol Juan nos recalca que Jesucristo intercede por nosotros, como nuestro abogado ante Dios. Así pues, su sacrificio en la cruz nos reconcilia con el padre celestial porque limpia nuestros pecados.

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El arrepentimiento, la fe, confianza y esperanza de hallar gracia celestial nos permiten hallar este consuelo para nuestras almas. De este tema trata el siguiente bosquejo para predicar.

Desarrollo:

1. ¿De qué manera Jesucristo aboga por nosotros?

a. Exhortándonos al arrepentimiento: para que él pueda abogar por nosotros, primero debemos mostrar que estamos arrepentidos por nuestros pecados.

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b. Motivándonos a creer en él: Arrepentidos, ahora podemos aceptar su asistencia espiritual creyendo en él fervientemente.

c. Reconciliándonos con Dios a través de su sacrificio en la cruz: Porque solamente con el arrepentimiento y la fe podemos alcanzar la gracia del padre celestial

d. Derramando en nosotros el espíritu santo: La gracia del todopoderoso tiene múltiples formas de revelarse en nosotros una vez que la obtenemos por el favor de Cristo, nuestro Salvador

2. El espíritu santo aboga por nosotros (Juan 14:16-17; 26)

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a. Nos consuela: porque nos da la esperanza necesaria para seguir en el seguimiento de Jesús

b. Nos fortalece: el espíritu santo nos conforta en momentos de lucha y nos estimula a obrar bajo la voluntad divina.

c. Nos defiende: como un abogado lo hace con su defendido en el afán de hallar gracia para nosotros.

d. Nos aconseja: el espíritu santo nos inspira a ser firmes en el obrar.

3. ¿Cómo recibir la defensa de Jesús y el espíritu santo?

a. Solicitando la intercesión: Si queremos la defensa de un abogado entonces buscando por uno. ¡Clamemos a Jesús!

b. Explicamos nuestra situación: Al rogar al padre debemos confiar todo lo que nos pasa para que él abogue por nosotros. ¡Confesemos en oración nuestras faltas, ofensas y pecados!

c. Confiar en su autoridad: porque Jesucristo con su espíritu de santidad tiene autoridad divina para abogar ante su padre y reconciliarnos con Él.

Conclusión:

Jesús, a través del espíritu Santo que el padre celestial le ha conferido, se constituye en nuestro abogado, aquel que nos intercede por nosotros para que hallemos gracia.

Para poder contar con su asistencia, debemos buscarlo, mostrando una actitud de arrepentimiento. Luego debemos abrir nuestro corazón y confesarle lo que ha sucedido en nuestras vidas. Creyendo en su palabra y confiando en su autoridad de salvación, podremos alcanzar el perdón de nuestros pecados y ser libres en el amor del padre del cielo.

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Un comentario

  1. ESTOY INTERESADO EN RECIBIR MAS SERMONES EN MI CORREO ELECTRONICO

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