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Los libros llamados Apócrifos – Parte I

El hecho de que los cristianos primitivos se guiaban por la Septuaginta, suscitó los prejuicios de los judíos de aquellos tiempos quienes acusaron a los cristianos, de utilizar una versión adulterada del Antiguo Testamento.

Hacia el año 150 , un judío del Ponto (Asia Menor), llamado Aquila, hizo una traducción, servilmente literal del texto hebreo; para oponerse a la septuaginta. Esta versión de Aquila, se usaba el año 177, y fue la versión oficial de los judíos que hablaban el griego, en todas las colonias. Los cristianos respondieron, primero , con la revisión de la septuaginta, por Teodosio, un cristiano Ebionita, allá por el año 185 y más tarde con una excelente traducción del hebreo, llevada a cabo por Símaco, mas o menos el año 200 y cuyo trabajo se conoce como la “versión de Simaco”.

La más antigua de las versiones latinas (en latin) de que se tiene conocimientos es la versión “Itala”, una traducción de la septuaginta al latín. Pero aquí hay un hecho que debemos considerar: De los 15 libros apócrifos, que figuraban agregados en la versión de los 70, pasaron a “La Itala” 10 y fueron excluidos cinco que son:

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  • La Ascensión de Isaías
  • Los Jubileos
  • La Epístola de Jeremías
  • El 3 de Macabeos y Enoc.

Los persistentes ataques de los judíos a los libros apócrifos que seguían figurando en la mayoría de las Biblias utilizadas por los cristianos, hizo que varios de los llamados padres de la Iglesia, estudiasen a fondo la cuestión de los “apócrifos”, llegando a la conclusión de que efectivamente no eran inspirados y que se les podía dar más crédito que el que debía recibir un libro devocional o histórico cualquiera.

Un Sínodo reunido en Laodicea en el año 363, prohibió la lectura de los Apócrifos en las iglesias y dio una lista de los libros considerados como inspirados en la que se aceptaban solamente los 39 que vienen figurando en nuestras versiones y de cuya autenticidad nadie duda.

En el año 397, se reunió un Sínodo en Cartago (Africa), bajo la influencia de Agustín y este sínodo parece que dio su aprobación a los 10 libros, considerados apócrifos, aunque atribuyéndoles u n grado inferior de inspiración, que a los 39 de nuestras biblias. Pero, téngase en cuenta que tal decisión era contraria a la de otro sínodo celebrado 37 años antes, en Laodicea.

Además no reconocieron los Apócrifos como inspirados:

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  • San Hilario de Poictiers
  • Cirilo de Jerusalén.
  • Epifanio.
  • Gregorio Nacianceno.
  • El papa Gregorio I.
  • Beda, llamado el venerable.
  • Hugo de San Victor.
  • El Cardenal Hugo.
  • Nicolás Lira y los cardenales Jiménez y Cayetano.

Antes del año 400, se habían dado a los menos 10 catálogos, o listas de los libros considerados inspirados, y en ninguno se encuentran los libros apócrifos. Las listas son de:

  • Melitón de Sardis año 177.
  • Orígenes año 230
  • Atanasio año 326
  • Cirilo año 348
  • Hilario de Poictiers año 358
  • El sínodo de Laoidicea año 363
  • Gregorio Nacianceno año 370
  • Anfiloquío año 395
  • Jerónimo año 395

El manual bíblico Católico, citado por el profesor Samuel Palome que en el Tomo I página 81, dice que el canón Alejandrino contenía los libros apócrifos, que siempre fueron rechazados por los judíos de Palestina, y que fueron añadidos después de formado el canón hebraico.

Este canón se atribuye comúnmente a Esdras, Malaquías y algunos otros.

El papa Dámaso encargó a Jerónimo la revisión de la versión Vulgata, porque se dio cuenta que ésta tenía errores; pero San Jerónimo, después de emprendido el trabajo de revisión, comprendió que era más fácil hacer una traducción directa del hebreo, y al efecto se fue a Palestina y trabajó en la traducción del Antiguo Testamento durante 14 años, en el pueblo de Belén, cuna del rey David.

En cuanto a los apócrifos San Jerónimo no los pudo traducir del hebreo, porque no se conocían sus originales y la mayoría ni siquiera fueron escritos en hebreo. Jerónimo lo que hizo, con una o dos posibles excepciones, fue copiarlos de la Antigua Vulgata, aunque él no creía que eran inspirados, como veremos.

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El Capítulo 10 de Esther, en nuestras versiones tiene solamente tres versículos; en la Vulgata tiene 13 versículos; pero entre los versículos 3 y 4 hay una cita de San Jerónimo, que dice: “He traducido con toda fidelidad lo que se halla en el hebreo. Lo que sigue lo he hallado escrito en la edición Vulgata” .

Al empezar el capítulo 11 de Esther, que es el primero de los seis capítulos añadidos al libro, hay otra nota de San Jerónimo que dice: “Este era el principio del libro de Esther, en la edición Vulgata; pero no se halla ni en el hebreo, ni en ninguno de los otros traductores”.

En el capítulo 13 de Esther, hay otra nota de San Jerónimo que dice: “Esto no se halla en el texto hebreo, ni en ninguno de los traductores”.

Al comienzo del capítulo 15, dice otra nota: “también hallé estas adiciones en la Vulgata”.

En el libro del profeta Daniel, en el capítulo 3, entre los versículos 23 y 24 hay una nota de San Jerónimo que dice : ” lo que sigue no lo hallé en los códices hebreos”. Al final del capítulo 12 y principios del 13 hay otra nota que dice: “Lo que sigue se halla trasladado de la edición Teodoción”.

En la introducción del libro apócrifo de Tobías, dice la nota, que hoy tiene la Vulgata, versión castellana de Torres Amat: “como en el antiguo canón de los libros sagrados, que tenían los judíos, no se comprendían sino los libros santos escritos en hebreo y esta historia fue escrita en lengua caldea; por eso no estaba este libro en el antiguo catálogo que de las Santas Escrituras tenían los judíos”.

En la nota general introductoria del libro de Esther, dice así: “San Jerónimo tuvo por dudosos los últimos seis capítulos, por no haberlos hallado en el texto hebreo; y hasta el papa Sixto V siguieron muchos católicos esta opinión”.

¿Qué opinión?, la de no aceptar como inspirados los apócrifos. En la nota introductoria a Daniel, dice la edición vulgata actual (versión castellana de Torres Amat):

“Algunos escritores manifestaron dudar de la autenticidad de tres partes de este libro…porque estas tres partes no se hallan en el texto hebreo”.

El Abate Du-Clot, en su gran obra titulada “Vindicias de la Biblia” dice en la página 561, en relación con los capítulos añadidos a Daniel lo siguiente: “San Jerónimo, en su Apología contra Rufino, libro segundo, refiere que los judíos, tenían el contenido de estos capítulos como fábula rabínica”. Y el mismo Du-Clot, añade: “San Jerónimo y algunos otros han dudado sobre estos dos capítulos (13 y 14) de Daniel”.

San Jerónimo en su “Prologus Galetaus”, después de nombrar los 39 libros que todos reconocemos, añade: “Por tanto la Sabiduría, el libro de Jesús, hijo de Sirac (el Eclesiático), Judith y Tobías, no están en el canón”.

Según H:M: Seymour, en su libro, “Noche con los Romanistas” página 364, dice que el prefacio que San Jerónimo escribió a los libros de las Crónicas, dice: “La iglesia desconoce los libros Apócrifos; por tanto debemos acoger a los hebreos, de los cuales el Señor habla y sus discípulos tomaron ejemplos. Todo cuanto no esté en aquellos libros hebreos debemos desecharlo”. El mismo autor, Seymour, afirma que en el prefacio de Jerónimo a los libros de Salomón, entre otras cosas dice: “Tobías, Judith y los libros de los Macabeos, la Iglesia los lee en verdad, pero no los recibe entre los escritos canónicos”.

El antes citado Abate Du-Clot, en la página 486 de su ya citada obra, refiriéndose al libro de Tobías dice: “Orígenes, en su carta a Africano, dice que el libro de Tobías, lo mismo que el de Judith, estaban colocados por los judíos en la clase de los apócrifos”.

El hecho de que una autoridad en el seno de la Iglesia Romana, como el Abate Du-Clot se vea obligado en conciencia a decir que el más erudito de todos los doctores de la Iglesia y algunos más han dudado de la inspiración de ciertas partes de la actual Vulgata, es tanto como decir que no admitieron partes de la Biblia, que hoy acepta la Iglesia de Roma, Biblia sancionada por obra y gracia de un concilio celebrado mil años después de San Jerónimo.

Téngase en cuenta también la nota antes citada, tomada de la introducción al libro de Esther, en la actual Vulgata, versión castellana de Torres Amat, donde dice:

“Hasta el papa Sixto V, siguieron muchos católicos esta opinión”, de San Jerónimo contra los apócrifos.

El ya citado Abate Du-Clot, en su libro página 468, hablando del libro de Tobías dice;” Este libro no se halla en el canón de los judíos…, mas no por eso dejan ellos de respetarlo como historia”.

Notadlo bien; es un católico el que dijo esto. Para los Cristianos sigue siendo una historia nada más.

¿COMO ENTONCES FUERON ADMITIDOS POR LA IGLESIA ROMANA?.

© Domingo Fernández

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