La adoración a Dios

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Texto bíblico: Juan 4:21-24

Introducción

Adorar es reconocer a alguien como el dueño y señor de nuestra vida. La verdadera adoración es la adoración a Dios en espíritu y en verdad. Pero existe una falsa adoración, en la que caen muchos cristianos, que es la adoración a las cosas del mundo.

Debemos luchar para no tener nuestro corazón infestado por las cosas del mundo. Porque de lo contrario, estamos echando a Dios de nuestra vida. Y el único que merece la adoración es el creador de todas las cosas y autor de las maravillas que obró en nosotros.

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I. Ya no se adora a Dios (vers. 21-22)

a. En los tiempos que corren, vemos que el hombre quiere desterrar a Dios de su vida. Todo lo que el mundo ofrece, tiene por finalidad alejarnos de la adoración a Dios. Dios dejó de ser el centro de la vida de muchos hombres, incluso de muchos que eran cristianos (vers. 21). Las tentaciones del mundo son cada vez más atractivas, porque lo que busca el demonio es que nos alejemos del gozo que produce la adoración a Dios.

b. El que nunca adoró a Dios es menos culpable, porque no conoció a Cristo en su vida. Pero el que se llama cristiano y adora a los falsos dioses de este mundo, está cambiando lo verdadero por lo falso. Y eso lo vuelve peligroso para los demás hermanos en la fe (Deuteronomio 29:18). Con su mal ejemplo, puede llevar a los otros al camino de la falsa adoración.

c. Hay muchos de nuestros hermanos que fueron criados en un hogar cristiano. De niños aprendieron lo que es el camino del Señor. Pero con el tiempo, han dejado apagar la llama del Espíritu, y han dejado que el mundo los seduzca con sus encantos. Han dejado el camino marcado como si fuera una mera tradición, sin saber que nuestro corazón está siempre deseando adorar (Isaías 29:13).

II. O adoramos a Dios o adoramos al mundo (vers. 23-24)

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a. En esta tierra, mientras estamos en el mundo, tenemos que librar una gran batalla. Porque nuestro corazón está dividido, y sin embargo, puede tener solamente un señor. Tener un señor significa que el objeto de nuestra adoración es el centro de nuestra vida y nos gobierna. Si adoramos realmente al Señor, Él será nuestro centro y le ofreceremos nuestra vida como sacrificio espiritual (Romanos 12:1-2).

b. Los cristianos que dejan que el mundo entre en su corazón, han dejado de tener por Señor a Jesús. Pueden tener a Cristo en los labios, pero no en el corazón. Y Dios nos pide que le adoremos en espíritu y en verdad, esto es, con todas nuestras potencias y sin dejarnos nada para nosotros. Solamente a los que adoran a Dios de esta manera los habitará el Espíritu Santo (Juan 4:23-24).

c. Si permitimos que el mundo se enseñoree de nuestra vida, estamos echando a Dios de nuestro espíritu. Lo estamos cambiando por algo que no tiene consistencia, algo que realmente no existe. Porque lo que promete el mundo es falsedad, no tiene realidad comparado con lo que ofrece Dios al hombre de fe. Y como es algo tan incompatible, no permite el Señor que esté nuestro corazón adorando lo verdadero y lo falso al mismo tiempo (Éxodo 20:2-6).

d. ¿Qué esperamos para adorar a Dios en espíritu y en verdad? ¿Acaso no somos testigos de sus milagros en nuestra vida? No se necesita mayor argumento que reconocer las maravillas que obra Dios en nosotros para reconocerlo como único Señor de nuestra vida. Toda nuestra existencia debe ser una continua alabanza al que nos creó y redimió para la salvación (Salmo 75:1; Salmo 29).

Conclusión

En la actualidad, vemos que cada vez más gente se aleja de Dios. Lo triste es que muchos lo conocieron, fueron cristianos, que se dejaron seducir por el mundo. Y en esta caída, pueden arrastrar a muchos otros hermanos a la falsa adoración.

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Porque no puede existir en el hombre el amor a Dios y el amor al mundo. O se vive unido a Dios con toda el alma, o se le permite al mundo que se adueñe de nuestro corazón. Se puede tener a Dios en los labios, pero dejó de ser el centro de nuestra existencia. Y ahí es cuando estamos cambiando lo verdadero por lo falso (1 Corintios 6:19-20).

Tenemos muchísimos motivos para adorar a Dios con todas nuestras fuerzas, sólo es cuestión de reconocerlos y admitir a Cristo como el Señor de nuestras vidas (Salmo 28:7; Salmo 63:3-4).

© Francisco Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Francisco Hernández

Dedicado a la obra de nuestro Rey y Salvador Jesucristo. No soy pastor de una iglesia, solo miembro, pero me gusta redactar predicaciones y estudios biblicos para cumplir con la gran comision. A Dios sea toda la gloria.

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