Bienaventurados de Dios

Bosquejos Biblicos

Bosquejos para Predicar:Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.” (Lucas 10:23-24)

Introducción

Algunos se sienten sin suerte en el mundo, van caminando pensando que a ellos les tocó lo peor. Aceptan su situación de dolor, de pobreza, de cielos grises y solo sobreviven en este mundo. 

Sin embargo, hay una mejor forma de vivir, sabiendo lo dichosos que somos y recibiendo bendiciones que sobreabunden en nuestra vida. La diferencia está en con quién vivimos, de quien dependemos y a quien servimos.

Con una decisión podemos pasar de cielos grises a cielos abiertos, llenos de color para nuestra vida y para quienes nos rodean. Es cuestión de decisión y todos tenemos la oportunidad de cambiar la forma en que andamos por este mundo.

1) La bienaventuranza de Jesús

En la palabra de Dios encontramos las palabras que Jesús les decía a sus discípulos. Las predicaciones que hizo para quienes le escuchaban. Pero estas palabras no se quedaron en ese momento y lugar, sino que permanecen hasta el día de hoy y estarán vigentes por toda la eternidad.

La palabra de Dios es perfecta y no podrá dejar de existir, pues es vida y Dios vive para siempre. Las enseñanzas y las palabras del Maestro están vigentes hoy. Sus bienaventuranzas no han pasado de moda y las personas que hacen la voluntad de Dios continúan siendo bendecidos por ello.

Son bienaventurados los de limpio corazón, los mansos, los que se humillan delante de Dios. Son bienaventurados de Dios los que continúan cumpliendo la voluntad del Padre. Aquellos que escudriñan su palabra y viven por ella para agradar a aquel que todo lo puede. Bienaventurados los que han escuchado la voz de Dios, le han conocido y le sirven con todas sus fuerzas.

2) Los que hacen la voluntad de Dios

Muchos quieren cambiar su situación, pero quieren atajos, no quieren hacer sacrificios y mucho menos hacer aquello que es repudiado por el mundo pero agradable ante Dios. Para el mundo siempre será locura hacer la voluntad de Dios, un Dios que no se puede ver. 

Pero quienes nos hemos atrevido a creer en Él y vivir por fe y no por vista, hemos experimentado el poder de Dios y no solamente le conocemos por lo que escuchamos. Como dice en su palabra, no le conocemos por lo que hemos oído sino por lo que hemos visto. Porque Dios ha cambiado nuestra vida entera y podemos sentirlo en nuestro ser. Ahora podemos tener comunión con Dios. 

Bienaventurados entonces aquellos que hacen la voluntad de Dios y le agradan en toda su forma de vida. Aquellos a quienes Dios ha llamado y pueden ser llamados hijos de Dios. Aquellos que le obedecen en todas las cosas, sin importar lo que el mundo piense, sino que viven para Dios y saben que en la eternidad estarán siempre son su Señor.

3) Lo que está por venir

Ahora nuestra vida entera está a los pies del Señor y Él abre las ventanas de los cielos para bendecir a sus hijos y protegerlos de todo mal. Ahora no importan las circunstancias externas, teniendo a Dios en nuestro corazón siempre estamos felices. 

No importa si estamos pasando por una tribulación o por un tiempo de prosperidad, nuestra fe no cambia y mantenemos el blanco en Cristo Jesús. Ahora no dependemos de nuestra fuerza, de nuestra suerte o de nuestro entorno, dependemos de Dios y sabemos que sea como sea estamos en las manos de Dios y de ahí nadie nos puede sacar.

Como dirían los amigos de Daniel, Dios nos librará del horno de fuego, pero si no lo hace igual a Él le servimos. Así debe ser nuestra determinación de servir al Señor. Y lo mejor no es eso, sino que en el futuro Dios nos dará algo mejor que vivir en victoria en esta tierra. Dios nos dará la vida eterna y siempre estaremos a su lado. 

4) El momento de ver la gloria

La gloria de Dios plena la veremos en la eternidad. Pero mientras ese momento llega, mientras Dios nos tiene en esta tierra, debemos permanecer firmes en nuestra fe, sabiendo que el Señor de nuestra vida tiene lo mejor para sus hijos.

Este es el momento de ver la gloria de Dios y reconocer que hasta este momento Dios nos ha ayudado. Es momento de darle a Él toda la gloria y darnos cuenta que somos bienaventurados por haber escuchado su voz y dedicar nuestra vida entera al Señor. Es tiempo de darle gloria al Señor por todas y cada una de sus bendiciones sobre nuestra vida y la vida de aquellos que nos rodean. Porque Dios ha cuidado de nosotros y lo seguirá haciendo.

Conclusión

Somos bienaventurados de tener a Dios en nuestro corazón. Somos bienaventurados y debemos gozarnos en el Señor de ser sus siervos. Debemos permanecer fieles al Señor sin importar lo externos.

Todas las cosas Dios las ha hecho perfectas y lo que vivimos en esta tierra, si lo vivimos al lado del Señor será de bendición para nosotros. Es tiempo de reconocer que sin Dios nada somos y que con Él somos más que vencedores, somos bienaventurados de Dios.

Redactado por Mauricio Aquino para Central de Sermones.

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